Elik0575
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ya había colocado
la perfecta barricada al oscuro mirar
de tu ojos
cerrando tus parpados abiertos
creyendo que todo había pasado.
No quería que vieras
como iba a desmembrarte
en mis intentos de olvidarme que existías
aunque se bien que ya no vivías.
Por esa razón
la filosa hoja de la cierra
empezó el sin fin andar
y cuando estuve a punto de cortar,
los ojos acusadores abriste
lanzándome suelo en ristre
en tu bronquial despertar.
Volví a cerrar tus ojos
y nuevamente abriste el mirar.
¡No, no podía hacerlo así!
Me culpaba tu mirada.
Tendría que empezar por ahí.
Decidí buscar el cuchillo
para sacar de tus orbitas los ojos.
Pero escuché un sonido
en el jardín de la rosas...
tendré que esperar otro poco.
Moviéndome cuidadosamente en el jardín
busqué con el cuchillo en mano
el sonido extraño.
Mas resbalando por el suelo mojado
caí entre las rosas
clavando algunas espinas en mis ojos
y el cuchillo penetró mi pecho
perforando muy hondo.
Como puede llegué dentro de la casa
herido y casi cegado.
Tropecé la cierra encendiéndose
y cortando ella mis pies
caí enfrente de quien aún seguía
mirando silenciosamente con sus ojos.
Mientras tanto moría
acusado por esa mirada
del cual juzgado fui
por el oscuro mirar
no apartado a mi asombro.
la perfecta barricada al oscuro mirar
de tu ojos
cerrando tus parpados abiertos
creyendo que todo había pasado.
No quería que vieras
como iba a desmembrarte
en mis intentos de olvidarme que existías
aunque se bien que ya no vivías.
Por esa razón
la filosa hoja de la cierra
empezó el sin fin andar
y cuando estuve a punto de cortar,
los ojos acusadores abriste
lanzándome suelo en ristre
en tu bronquial despertar.
Volví a cerrar tus ojos
y nuevamente abriste el mirar.
¡No, no podía hacerlo así!
Me culpaba tu mirada.
Tendría que empezar por ahí.
Decidí buscar el cuchillo
para sacar de tus orbitas los ojos.
Pero escuché un sonido
en el jardín de la rosas...
tendré que esperar otro poco.
Moviéndome cuidadosamente en el jardín
busqué con el cuchillo en mano
el sonido extraño.
Mas resbalando por el suelo mojado
caí entre las rosas
clavando algunas espinas en mis ojos
y el cuchillo penetró mi pecho
perforando muy hondo.
Como puede llegué dentro de la casa
herido y casi cegado.
Tropecé la cierra encendiéndose
y cortando ella mis pies
caí enfrente de quien aún seguía
mirando silenciosamente con sus ojos.
Mientras tanto moría
acusado por esa mirada
del cual juzgado fui
por el oscuro mirar
no apartado a mi asombro.