Qalat Chabir
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estás entre las diminutas flores
besando la luz que trae el viento.
La noche nos sufre con voces en el cielo;
me llamas, y acudo a la oscura misión
de encontrarte entre los pliegues
de unas sábanas desnudas;
cruzo la desmedida realidad de unas calles vacías,
oigo los rumorosos portales antiguos
testigos de los últimos besos;
y todo es silencio manchado de sombras.
A lo lejos, se divisa el triste centelleo de los semáforos,
las luces caídas de las farolas,
la arrogante llamada de los anuncios
con una invitación a copas;
los mudos escaparates son testigos,
mientras las paredes duermen con olor a alcohol.
La madrugada se muere lenta,
y en estas horas de mutuas complicidades,
busco una cama amable donde anclar mis miedos,
un cuerpo amigo que me transfiera
su nombre sin deudas.
Y me dejo al confortable pensamiento
de tus envolventes curvas,
del roce amable de tu piel,
del recorrido para alcanzar tus labios de sangre.
Me llamas, y otra vez acudo a ti sereno de amor.
© Copyright
besando la luz que trae el viento.
La noche nos sufre con voces en el cielo;
me llamas, y acudo a la oscura misión
de encontrarte entre los pliegues
de unas sábanas desnudas;
cruzo la desmedida realidad de unas calles vacías,
oigo los rumorosos portales antiguos
testigos de los últimos besos;
y todo es silencio manchado de sombras.
A lo lejos, se divisa el triste centelleo de los semáforos,
las luces caídas de las farolas,
la arrogante llamada de los anuncios
con una invitación a copas;
los mudos escaparates son testigos,
mientras las paredes duermen con olor a alcohol.
La madrugada se muere lenta,
y en estas horas de mutuas complicidades,
busco una cama amable donde anclar mis miedos,
un cuerpo amigo que me transfiera
su nombre sin deudas.
Y me dejo al confortable pensamiento
de tus envolventes curvas,
del roce amable de tu piel,
del recorrido para alcanzar tus labios de sangre.
Me llamas, y otra vez acudo a ti sereno de amor.
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