viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Era un otoño de esos
que te lastra el aliento,
que te cenicienta los ojos,
que te ahuma los recuerdos.
Y con el corazón en ralentí
rodaba los pasos,
casi en arrastre,
cancelando las fuerzas
que conciben las sonrisas.
Los cadáveres de las lágrimas
que los árboles desterraron,
eran en el suelo del parque
arenas de hojas movedizas.
Y el perdón de los pecados
se escondía en un bolsillo
del pantalón del porvenir.
Nada parecía más real
que el amargor en la garganta,
que las sombras alargadas,
que el bucólico atardecer.
Y una lánguida luz mojada
doraba de ocre el alma.
Entonces, miré el calendario,
y era quince de abril.
que te lastra el aliento,
que te cenicienta los ojos,
que te ahuma los recuerdos.
Y con el corazón en ralentí
rodaba los pasos,
casi en arrastre,
cancelando las fuerzas
que conciben las sonrisas.
Los cadáveres de las lágrimas
que los árboles desterraron,
eran en el suelo del parque
arenas de hojas movedizas.
Y el perdón de los pecados
se escondía en un bolsillo
del pantalón del porvenir.
Nada parecía más real
que el amargor en la garganta,
que las sombras alargadas,
que el bucólico atardecer.
Y una lánguida luz mojada
doraba de ocre el alma.
Entonces, miré el calendario,
y era quince de abril.