Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Uno se detiene siempre...,
siempre al pie de cualquier muro de esquina,
bajo algún árbol solitario, aprisionado,
en ese mar que lo contiene todo
en sus fauces heladas de concreto.
Se detiene y contesta internamente,
urde alguna mentira con dejos de esperanza;
y si la tarde es fría y tormentosa,
libera algún diamante amarizado
para que sustituya algún te quiero
que por pena o dolor no se ha expresado.
Uno y sólo uno
-como fantasma pobre de cariños-
se alimenta en visiones anheladas,
ahogadas en el pecho eternamente
con el color de otoño entumecido
tras el viento veloz, que impertinente,
remarca las heridas
preparando nostalgias a un diciembre
que cruento e implacable se avecina
con su caudal de fuentes encendidas
en choque con un alma derrumbada.
Uno y sólo uno
con el lamento hambriento
del beso de un amor,
que aunque no se haya ido...,
parece que no vuelve.
siempre al pie de cualquier muro de esquina,
bajo algún árbol solitario, aprisionado,
en ese mar que lo contiene todo
en sus fauces heladas de concreto.
Se detiene y contesta internamente,
urde alguna mentira con dejos de esperanza;
y si la tarde es fría y tormentosa,
libera algún diamante amarizado
para que sustituya algún te quiero
que por pena o dolor no se ha expresado.
Uno y sólo uno
-como fantasma pobre de cariños-
se alimenta en visiones anheladas,
ahogadas en el pecho eternamente
con el color de otoño entumecido
tras el viento veloz, que impertinente,
remarca las heridas
preparando nostalgias a un diciembre
que cruento e implacable se avecina
con su caudal de fuentes encendidas
en choque con un alma derrumbada.
Uno y sólo uno
con el lamento hambriento
del beso de un amor,
que aunque no se haya ido...,
parece que no vuelve.