Otoño y Desamor en Madrid

Umbriel

En busca de un luga más cálido
Corriendo cruzo la calle,
solo entre tanta gente,
(remedo de un mar infame
asfalto negro y prohibido)
y brillan como diamantes
algunas furtivas gotas,
lágrimas d'escaparates:
presas del vidrio ahora,
en libre caída, antes.
El lloro de tantas lunas
al de mis ojos atrae
y al de preñadas aceras
que de mis huellas son madres,
mas otros pasos vacíos
matan los míos, cobardes
y yo los vuelvo a sembrar
más fecundos, más errantes,
borrachos de desamor
palpitan, pero sin sangre.

Los que no nos hemos dado,
¡esos racimos de besos!
cuelgan muertos de las manos
de los secos maniquíes
tras los cristales mojados
(imitación de la vida
sus rostros con ojos falsos).
Cuervos se posan a cientos
sobre mis labios cerrados
que más aprietan tu nombre
cuanto más quiero olvidarlo,
no lo sueltan y revientan…
¡Y más gente… y más pasos!
Fuera de mí sólo quedan
negro charol del asfalto
y, en los vidrios, lentas lágrimas.
Y las borro con mis manos
preso de ira y tristeza;
una y otra son los clavos
que tu mudo adiós fijan
a mi adiós casi callado.
Y brillan como diamantes
lágrimas que no escaparon.
R
 
Última edición:
Muchas gracias, Darkeness. Claro que el desamor es uno de los mayores motivos de creación de poemas, y a casi todos nos ha ocurrido más o menos veces. Éste en particular se recuperó y todavía está vivo.
Te envío también un cariñoso abrazo y te reitero las gracias por tus amables comentarios.
Umbriel
 

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