Alvaro Meza
Poeta recién llegado
Oigo de ti
Oigo de mí.
Prefiero ser breve,
Pues a menudo mis palabras se sumergen en esplendidas elocuencias.
Quisiera callar más todavía
Quemarse dos veces es una anomalía tan exquisita que me atrevería a probar un poco más siquiera.
Oigo de mí.
Tiendo a ser callado, tomar vino, fumar cigarrillos.
Observar atento.
Aburriéndote con este silencio.
Discúlpame por mi eterna paciencia
Pero es que podría estar desvelándome noches enteras escribiéndote cartas añejas
Para que algún samaritano las queme en la hoguera.
Oigo de ti.
Mi pecho salta a veces escupiendo humo.
Mi retorica resulta lenta y aburrida.
Se me traba la lengua.
El vino, la cerveza, el pisco y mis ojeras.
Tendría que esperar otras cuantas noche
Para contar cuantas veces me quedo en esta mesa
Observando todo el tiempo en que se apagó esta vela.
Oigo de mí.
Prefiero ser breve,
Pues a menudo mis palabras se sumergen en esplendidas elocuencias.
Quisiera callar más todavía
Quemarse dos veces es una anomalía tan exquisita que me atrevería a probar un poco más siquiera.
Oigo de mí.
Tiendo a ser callado, tomar vino, fumar cigarrillos.
Observar atento.
Aburriéndote con este silencio.
Discúlpame por mi eterna paciencia
Pero es que podría estar desvelándome noches enteras escribiéndote cartas añejas
Para que algún samaritano las queme en la hoguera.
Oigo de ti.
Mi pecho salta a veces escupiendo humo.
Mi retorica resulta lenta y aburrida.
Se me traba la lengua.
El vino, la cerveza, el pisco y mis ojeras.
Tendría que esperar otras cuantas noche
Para contar cuantas veces me quedo en esta mesa
Observando todo el tiempo en que se apagó esta vela.