Llueve y pienso en ti
en el mar inquietante de tus palabras
azucar y sal
despacio y profundo;
en la piel que he cubierto de besos y rosas
como de versos destellantes galapando en alas del deseo
desde mi anónima potestad de ser viviente
alucinado, inconcluso, agonizante...
Y llego aquí,
a este rincón de poetas
alucinados, inconclusos, agonizantes
a maldecir esta maldición que nos maldice
desde que descubrimos y rasgamos el velo
que nos separa y distigue de los otros mortales
y cual David lanzamos la palabra con la honda de nuestra alma
para vencer a los Goliat que nos desafían y se mofan de nuestra presencia.
Otra vez el amor...
en el mar inquietante de tus palabras
azucar y sal
despacio y profundo;
en la piel que he cubierto de besos y rosas
como de versos destellantes galapando en alas del deseo
desde mi anónima potestad de ser viviente
alucinado, inconcluso, agonizante...
Y llego aquí,
a este rincón de poetas
alucinados, inconclusos, agonizantes
a maldecir esta maldición que nos maldice
desde que descubrimos y rasgamos el velo
que nos separa y distigue de los otros mortales
y cual David lanzamos la palabra con la honda de nuestra alma
para vencer a los Goliat que nos desafían y se mofan de nuestra presencia.
Otra vez el amor...