Ton Rodriguez
Poeta asiduo al portal
Tiras los dados ,
otra vez siete.
Los automóviles pasan por la avenida
dejando huellas secas
sobre el asfalto mojado,
las ratas ocupan los oscuros callejones
disputando las basuras
a los perros sin dueño,
y a los vagabundos.
Lentamente anochece,
una solitaria bombilla
apenas ilumina la habitación,
una mesa, un par de sillas
y un viejo perchero;
sobre la mesa un vaso vacío,
un cenicero y una botella.
Sentado en una silla,
enciendes otro cigarrillo,
llenas de nuevo el vaso
y haces burla a la imagen deformada
del rostro que refleja
el cristal de la botella,
la noche te invita a probar fortuna,
pero anuncia una muerte, y sientes miedo,
vacías el vaso, una vez más,
y te sientes perdido, olvidado, solo…
Dejas caer de tu mano los dados,
otra vez siete.
otra vez siete.
Los automóviles pasan por la avenida
dejando huellas secas
sobre el asfalto mojado,
las ratas ocupan los oscuros callejones
disputando las basuras
a los perros sin dueño,
y a los vagabundos.
Lentamente anochece,
una solitaria bombilla
apenas ilumina la habitación,
una mesa, un par de sillas
y un viejo perchero;
sobre la mesa un vaso vacío,
un cenicero y una botella.
Sentado en una silla,
enciendes otro cigarrillo,
llenas de nuevo el vaso
y haces burla a la imagen deformada
del rostro que refleja
el cristal de la botella,
la noche te invita a probar fortuna,
pero anuncia una muerte, y sientes miedo,
vacías el vaso, una vez más,
y te sientes perdido, olvidado, solo…
Dejas caer de tu mano los dados,
otra vez siete.