Antares
Poeta adicto al portal
“Mis bellos sueños se convirtieron en pesadillas en el instante justo que cerraste la puerta”.
Te marchaste
dejándome mirando mis manos
que te soltaban.
Te soltaban porque no podían
con tanto peso, tanto amor.
Mi cuerpo quedaba inerme
sin tus brazos.
La casa se llenó
de una mezcolanza aterradora,
ese silencio involuntario,
metódico, reflexivo.
Ese que mata lento,
muy lento.
Te imaginé
caminando por las calles sin rumbo,
alejándote del grueso de la multitud,
paseando por parques entre
esqueletos grises
de los árboles en otoño.
Sujetándote el pecho,
dolor lacerante
que (te) acompañará siempre,
(nos) acompañará.
Y te veo arrastrando
la pena en un bar,
sentado al final de la barra,
meciendo tu copa y
observando en ella,
como en una ensoñación,
tu lengua deslizándose
desde mi nuca vértebra a vértebra.
Y te estremeces en el recuerdo.
Aprenderemos a vivir
como aquella célebre historia del
“Amor en tiempos del cólera”,
aunque te confieso
que nunca se me dio bien
lo de esperar...
Te marchaste
dejándome mirando mis manos
que te soltaban.
Te soltaban porque no podían
con tanto peso, tanto amor.
Mi cuerpo quedaba inerme
sin tus brazos.
La casa se llenó
de una mezcolanza aterradora,
ese silencio involuntario,
metódico, reflexivo.
Ese que mata lento,
muy lento.
Te imaginé
caminando por las calles sin rumbo,
alejándote del grueso de la multitud,
paseando por parques entre
esqueletos grises
de los árboles en otoño.
Sujetándote el pecho,
dolor lacerante
que (te) acompañará siempre,
(nos) acompañará.
Y te veo arrastrando
la pena en un bar,
sentado al final de la barra,
meciendo tu copa y
observando en ella,
como en una ensoñación,
tu lengua deslizándose
desde mi nuca vértebra a vértebra.
Y te estremeces en el recuerdo.
Aprenderemos a vivir
como aquella célebre historia del
“Amor en tiempos del cólera”,
aunque te confieso
que nunca se me dio bien
lo de esperar...