Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
La ciudad va silenciosa,
no hay vida por las plazuelas.
Las calles están sin pasos
ni niños, en ellas juegan
El silencio se aposenta,
danza por las azoteas
Mil puñales invisibles
acechan cada callejas
Se fueron todos corriendo
que la muerte negra acecha.
La parca con su guadaña
silentes sabanas deja.
Ni el doblar de una campana
por el aire nos consuela
El crisantemo marchito
dormido está en la maceta
No hay unas manos amiga,
no hay claveles , no hay exequias.
Detrás de la luna corren
la soledad más desierta
Mudo el aire queda de ecos
para contener la pena.
Y una mano en la distancia
tendida en el aire queda
Las bocas están amargas
las gargantas se resecan
El vino, lleva cicuta
y ya no cura las penas
Días contados en noches
Las ocho… Despacio llegan...
La oscuridad queda rota
cuando el aplauso la quiebra.
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