Cecilia Leiva Arangua
Poeta adicto al portal
OTRO DÍA SIN ÉL
Te preguntas por qué otro día sin él,
qué te puedo responder,
la vida se encargo de separarlos,
sin darles la oportunidad de sentirse, ni tenerse,
Así es,
simple y difícil a la vez,
una gran incógnita, quedará en el camino,
no te aflijas,
recuerda que siempre sale el sol,
que siempre habrá una luz,
aunque muy suave alumbre, ahí está,
en este largo caminar.
Lo recuerdas,
lo sé,
aún no lo puedes olvidar.
Cómo lo podrías de tu mente apartar,
si siempre con él hay un mañana y un después,
hay un grito de esperanza y un canto de libertad.
Es el amor que nace
y de ti, no se puede desprender
Te vuelves a preguntar,
por qué otro día sin él.
¡Ay! qué te puedo responder,
sólo deja que el tiempo avance,
no detengas la marcha,
no te impacientes.
Te vuelves a preguntar,
por qué otro día sin él.
Ahora yo te quiero preguntar,
a quién le duele,
a tu alma,
o la mujer.
Tu alma de él se alimenta,
cada día,
en cada amanecer,
quién es la que se angustia,
la mujer,
que sueña con noches de placer,
la carne es la grita,
quiere sentirlo, poseerlo, egoístamente tenerlo,
no permitas que la carne te enceguezca.
Tu alma es libre,
como el viento,
ama y siente,
sin mezquinos sentimientos.
Sólo agradece,
por todo lo que has vivido,
por todo lo que has sentido,
por todo lo que has soñado,
por todo lo que has logrado,
en tan poco tiempo, tu vida se ha transformado.
Y te vuelvo a preguntar,
a quién le duele,
a tu alma,
o la mujer.
No me repondas ahora, respóndeme después,
cuando te vuelvas a preguntar,
por qué otro día sin él
Te preguntas por qué otro día sin él,
qué te puedo responder,
la vida se encargo de separarlos,
sin darles la oportunidad de sentirse, ni tenerse,
Así es,
simple y difícil a la vez,
una gran incógnita, quedará en el camino,
no te aflijas,
recuerda que siempre sale el sol,
que siempre habrá una luz,
aunque muy suave alumbre, ahí está,
en este largo caminar.
Lo recuerdas,
lo sé,
aún no lo puedes olvidar.
Cómo lo podrías de tu mente apartar,
si siempre con él hay un mañana y un después,
hay un grito de esperanza y un canto de libertad.
Es el amor que nace
y de ti, no se puede desprender
Te vuelves a preguntar,
por qué otro día sin él.
¡Ay! qué te puedo responder,
sólo deja que el tiempo avance,
no detengas la marcha,
no te impacientes.
Te vuelves a preguntar,
por qué otro día sin él.
Ahora yo te quiero preguntar,
a quién le duele,
a tu alma,
o la mujer.
Tu alma de él se alimenta,
cada día,
en cada amanecer,
quién es la que se angustia,
la mujer,
que sueña con noches de placer,
la carne es la grita,
quiere sentirlo, poseerlo, egoístamente tenerlo,
no permitas que la carne te enceguezca.
Tu alma es libre,
como el viento,
ama y siente,
sin mezquinos sentimientos.
Sólo agradece,
por todo lo que has vivido,
por todo lo que has sentido,
por todo lo que has soñado,
por todo lo que has logrado,
en tan poco tiempo, tu vida se ha transformado.
Y te vuelvo a preguntar,
a quién le duele,
a tu alma,
o la mujer.
No me repondas ahora, respóndeme después,
cuando te vuelvas a preguntar,
por qué otro día sin él