poetakabik
Poeta veterano en el portal
[center:c55e275b4f]
Amanece el día,
y el despertar
del silencio,
trae de nuevo
esa aglomeración
de quehaceres
diarios y comunes,
que nos vuelven
a mostrar la crueldad
de que somos mortales,
el viento nos acarica
y nos damos cuenta
que su brisa es eterea,
como la fragilidad
de un suspiro que surca
la besana del amor,
nos sentimos vivos
por otro instante
quizás... solo por otro,
somos supervivientes
de otra noche de sueño,
tal vez de pesadillas
que no recordamos
o que el miedo,
nos obligó a olvidar
los fantasmas
que nos acompañaron
en ese silencio
que embriagó
nuestras ultimas horas,
en que nuestros sentidos
ausentes, latiendo por la
inercia misma de nuestro
corazón que no descansa nunca,
estuvieron dormitando
al borde de la vigilia
que nos separa de lo real,
la calidez de los rayos
matutinos desespereza nuestra
fragilidad, nos envuelve,
nos mima igual que ayer,
desde la frontera de los tiempos
esa misma calidez, testigo
de tantos acontecimientos,
saciada por la vanidad
de los seres humanos,
vuelve con la misma humildad
a regalarnos, la virtud de las horas.
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Amanece el día,
y el despertar
del silencio,
trae de nuevo
esa aglomeración
de quehaceres
diarios y comunes,
que nos vuelven
a mostrar la crueldad
de que somos mortales,
el viento nos acarica
y nos damos cuenta
que su brisa es eterea,
como la fragilidad
de un suspiro que surca
la besana del amor,
nos sentimos vivos
por otro instante
quizás... solo por otro,
somos supervivientes
de otra noche de sueño,
tal vez de pesadillas
que no recordamos
o que el miedo,
nos obligó a olvidar
los fantasmas
que nos acompañaron
en ese silencio
que embriagó
nuestras ultimas horas,
en que nuestros sentidos
ausentes, latiendo por la
inercia misma de nuestro
corazón que no descansa nunca,
estuvieron dormitando
al borde de la vigilia
que nos separa de lo real,
la calidez de los rayos
matutinos desespereza nuestra
fragilidad, nos envuelve,
nos mima igual que ayer,
desde la frontera de los tiempos
esa misma calidez, testigo
de tantos acontecimientos,
saciada por la vanidad
de los seres humanos,
vuelve con la misma humildad
a regalarnos, la virtud de las horas.
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