Llegué a ti desde mi huida hacia delante,
dispuesta a romper el equilibrio del agua.
Buceé en el abismo para sacar a flote
la traducción de las sombras
que lo habitaban,
y arropé con letras el hielo de las cadenas.
Pero ni la desnudez de las piedras,
ni la humedad de la madera,
ni el verdor de los pinos que saludan aviones;
proyectaron la luz.
Hoy estoy aquí,
huérfana de noches salvajes
rompiendo aniversarios contra las rocas,
mientras tu recuerdo se me clava entre las uñas,
como la más cruel de las torturas.
Hace frío en los diccionarios de otros junios,
un frío helado que anuncia
la presencia de otro mito muerto.