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Otro nocturno más

danie

solo un pensamiento...
Un anochecer de grises golondrinas,
una mosqueta llorando tinta,
unos besos que dejan su sello
en las lágrimas de las letras de mi habitar.

Desdichado rosal que se marchita
con el raudo paso de las sombras
de un ángelus que me culpa por su caída,
por la ausencia floral
sin ninguna amnistía.

¡Ay! Noche embebida en pena
que mata con su daga fría
al amanecer, nuestro fiel mensajero
de las canciones de nanas y ardores
en la hoguera de nuestro halo solar.

¡Ay! Noche de un temblor de mar,
de un inmolado suspiro maternal
que náufraga en mi memoria
para encallar en el armario
de un recuerdo arrepentido.

Sucumben los ruiseñores,
muere el niño que una vez fui
dentro de la cuna de un astillado cristal,
y la luna,
siempre con su semblante severo,
con sus caricias de piedra
y sus arropes de pálidas hiedras
me atrapa y adormece
con su silencio inmortal.
 
Última edición:
A menudo la tristeza nos permite soñar que el niño que fuimos muere dentro de una cuna de astillado cristal, pero eso es imposible.
Imposible de creer cuando permanecemos despiertos y conservamos la capacidad de sonreír. la ternura para acariciar, la sensibilidad para dejar escapar una lágrima, la de gritar de rabia ante cualquier injusticia, la de bailar bajo la lluvia.
Porque el único capaz de todas esas acciones es siempre ese niño, aunque somos responsables de amparar su fragilidad, protegiéndolo en cada acto de nuestras vidas.
Pese a la tristeza el poema es impecable en todos los sentidos ¡Gracias por escribir Danie! te dejo un abrazo de música y mis abrabesos.

 
Última edición:
Un anochecer de grises golondrinas,
una mosqueta llorando tinta,
unos besos que dejan su sello
en las lágrimas de las letras de mi habitar.

Desdichado rosal que se marchita
con el raudo paso de las sombras
de un ángelus que me culpa por su caída,
por la ausencia floral
sin ninguna amnistía.

¡Ay! Noche embebida en pena
que mata con su daga fría
al amanecer, nuestro fiel mensajero
de las canciones de nanas y ardores
en la hoguera de nuestro halo solar.

¡Ay! Noche de un temblor de mar,
de un inmolado suspiro maternal
que náufraga en mi memoria
para encallar en el armario
de un recuerdo arrepentido.

Sucumben los ruiseñores,
muere el niño que una vez fui
dentro de la cuna de un astillado cristal,
y la luna,
siempre con su semblante severo,
con sus caricias de piedra
y sus arropes de pálidas hiedras
me atrapa y adormece
con su silencio inmortal.

Cuando la melancolía se adueña de nuestras vidas ese niño que éramos clama atención y cuidado. Me encanta la manera en que concluyes con la frialdad de la luna. Un hermoso y triste poema. Besos y bendiciones.
 
A menudo la triteza nos permite soñar que el niño que fuimos muere dentro de una cuna de astillado cristal, pero eso es imposible.
Imposible de creer cuando permanecemos despiertos y conservamos la capacidad de sonreír. la ternura para acariciar, la sensibilidad para dejar escapar una lágrima, la de gritar de rabia ante cualquier injusticia, la de bailar bajo la lluvia.
Porque el único capaz de todas esas acciones es siempre ese niño, aunque somos responsables de amparar su fragilidad, protegiéndolo en cada acto de nuestras vidas.
Pese a la tristeza el poema es impecable en todos los sentidos ¡Gracias por escribir Danie! te dejo un abrazo de música y mis abrabesos.

Qué hermosa canción Ropitella. Me encantó.
 
Un anochecer de grises golondrinas,
una mosqueta llorando tinta,
unos besos que dejan su sello
en las lágrimas de las letras de mi habitar.

Desdichado rosal que se marchita
con el raudo paso de las sombras
de un ángelus que me culpa por su caída,
por la ausencia floral
sin ninguna amnistía.

¡Ay! Noche embebida en pena
que mata con su daga fría
al amanecer, nuestro fiel mensajero
de las canciones de nanas y ardores
en la hoguera de nuestro halo solar.

¡Ay! Noche de un temblor de mar,
de un inmolado suspiro maternal
que náufraga en mi memoria
para encallar en el armario
de un recuerdo arrepentido.

Sucumben los ruiseñores,
muere el niño que una vez fui
dentro de la cuna de un astillado cristal,
y la luna,
siempre con su semblante severo,
con sus caricias de piedra
y sus arropes de pálidas hiedras
me atrapa y adormece
con su silencio inmortal.
Cuántas veces me llega la melancolía y aflora ese niño que llevo dentro pero que algunas veces parece estar dormido y me deja solo.
Como siempre amigo Daniel, hermosas y magistrales letras que me dejan pensando.
Cordial saludo y fraternal abrazo amigo mío.
 
Danie...
Que tal evocación maestro, aunque se pasea por sendas de tristezas, de rosales marchitos, de suspiros maternales, de ese niño que aún juega en el fragante pasado... ¡Me encantó mi amigo! Un fuerte abrazo, nocturno poeta.
 
¡Hermosísimo poema danie!, entristece todo lo que toca. Despoja a las golondrinas de su color y se lo apropia, hay mucha melancolía en ese rosal marchito y en ese niño que desapareció.
Un placer leerte Poeta
Feliz domingo
 
Un anochecer de grises golondrinas,
una mosqueta llorando tinta,
unos besos que dejan su sello
en las lágrimas de las letras de mi habitar.

Desdichado rosal que se marchita
con el raudo paso de las sombras
de un ángelus que me culpa por su caída,
por la ausencia floral
sin ninguna amnistía.

¡Ay! Noche embebida en pena
que mata con su daga fría
al amanecer, nuestro fiel mensajero
de las canciones de nanas y ardores
en la hoguera de nuestro halo solar.

¡Ay! Noche de un temblor de mar,
de un inmolado suspiro maternal
que náufraga en mi memoria
para encallar en el armario
de un recuerdo arrepentido.

Sucumben los ruiseñores,
muere el niño que una vez fui
dentro de la cuna de un astillado cristal,
y la luna,
siempre con su semblante severo,
con sus caricias de piedra
y sus arropes de pálidas hiedras
me atrapa y adormece
con su silencio inmortal.
Muy bello Daniel... un gusto leer tan hermoso poema un abrazo cordial:)
 
vivimos en el mismo sigilo de melancolía, grato leerte
Un anochecer de grises golondrinas,
una mosqueta llorando tinta,
unos besos que dejan su sello
en las lágrimas de las letras de mi habitar.

Desdichado rosal que se marchita
con el raudo paso de las sombras
de un ángelus que me culpa por su caída,
por la ausencia floral
sin ninguna amnistía.

¡Ay! Noche embebida en pena
que mata con su daga fría
al amanecer, nuestro fiel mensajero
de las canciones de nanas y ardores
en la hoguera de nuestro halo solar.

¡Ay! Noche de un temblor de mar,
de un inmolado suspiro maternal
que náufraga en mi memoria
para encallar en el armario
de un recuerdo arrepentido.

Sucumben los ruiseñores,
muere el niño que una vez fui
dentro de la cuna de un astillado cristal,
y la luna,
siempre con su semblante severo,
con sus caricias de piedra
y sus arropes de pálidas hiedras
me atrapa y adormece
con su silencio inmortal.
 

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