Otro poema enrollado

Placardo

Poeta recién llegado
Otro poema enrollado



Unos cuantos me ayudaron a salir del paraíso

para empezar con el infierno dulce de poder encontrarte

con la mirada de quién busca a la Heroína en la mitad de un poema

(los trenes fantasma no conocen de finales ni comienzos, solos, transitan por un camino cambiante, como el latido de un adolescente a punto de llorar otra vez).

Quisiera que sobrevivan las canciones de

toda mi melancolía pop

(No confíes en ningún intelectual que te hable de amor. Solo enciende la radio, Ellos tienen la razón)

Unas cuantas cosas ciertas:

nadie combate el crimen con canciones guerrilleras

defendamos nuestro derecho a hacernos de los oídos sordos

no busquemos más respuestas

oigamos más dentro de nosotros

no somos el miedo

somos las respuestas que han perdido el vuelo

o andan con resaca.

Conozco el rostro del silencio, por eso puedo decir que

el silencio nunca está solo, tiene aliados

como el murmullo de dos criminales

o los gemidos de la chica más ruidosa del edificio

o la sirena que grita que El Chico esta a punto de llegar

al infierno

al menos el camino solo duele y no me cuesta escribirte estas cosas.

Te he estado buscando,

mi dolor nocturno

eres diferente: la daga que se clava por la espalda

algo hiriente: encantas a traición y yo que solo buscaba un lugar donde cobijar, esas, mis canciones.

Sufriente: dueles más cuando callas todo tu dolor

pendiente.

Todos los días al bajar las escaleras

al abrir esas puertas

al caminar mirando la geografía del chicle en el suelo

he tratado de adivinar cuando me llegará la hora

el día en que la presa finalmente sea atrapada

Decidí:

Que no quería olvidarte sin haber probado la humedad de tus labios

Por que he puesto precio por tu corazón y solo he recibido unos cuantos datos sueltos:

la noche envidia la excitación de tu aliento

la última parada es el brillo de tus ojos invadiéndome a toda velocidad.

Le tienes miedo al fracaso, por lo que conoces los rincones de mi cuarto.

unos cuantos se han perdido en todas esas cosas

han confundido tu sonrisa con una invitación

y aquí me tienes sin nada más que entregar que mis labios y estas palabras que grito al borde de la tristeza a bordo de mi tren fantasma.

Escribo todos los días antes de dormir.

Pero no he encontrado las palabras para componerte una sinfonía

que me ayude a limpiar esta boca empañada de todas las cosas que no debo nombrar.

Ya nadie esta a salvo, eres radioactiva

y no pocos están dispuesto a corromperse junto a ti

para ti.

Dominé los silencios incómodos de solo pensarte

me he lanzado por todos los espacios vacíos atraído por tu aliento

y solo tengo la esperanza vacilante de encontrarte algún día sola

y poder gritarte por las costuras de los días

(porque un grito importa más que verte caminando acompañada)

(porque solo gritando uno podría decir todo lo que no se ha escrito)

ya no es ningún misterio, que me tienes atrapado

con la persistencia de mi garganta por decir tu nombre

a las dos de la mañana

y luego llamarte a pesar de la llovizna

(yo no seré el viento que acaricia tu ventana

pero estoy por toda la ciudad buscándote)

y escuchar ese sonido espacial que tiene tu voz cuando hablas conmigo para decirme que no estabas dormida

que solo descansabas los ojos a las dos y media

que acababas de cerrar ese libro

que esta noche podrías hablar conmigo hasta que nos alcanzara,

muy temprano en la mañana,

la luz o la locura

–La otra noche pensé en un poema. Es decir lo escribía pensando en tí. Es decir, mañana te lo doy. Es decir… Aló. Sí, estoy afuera esperando.
 

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