Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las horas marchan en compás,
y yo al ritmo del desastre,
acompasada va cayendo la tarde
y yo a duras penas respiro en menguante,
siluetas bailan con cadencia al arrullo de la brisa
y yo con mi cadencia sólo un barullo de brizna.
Cuándo fue que el oxigeno disminuyó en mi estómago?,
cuándo fue que olvidé respirar por mi alma?,
cuándo fue?..., me pregunto , cuándo fue?,
cuándo fue que la noche dejó de ser azul?,
cuándo fue que el azul se volvió oscuro?,
cuándo fue?!..., me pregunto , cuándo fue?!,
cuándo dejaron de jadear mis manos con la ausencia de tu cercanía?,
cuándo dejó de oler mi nariz el barniz de tus pasos?,
cuándo fue?!!..., me pregunto , cuándo fue?!!.
Las preguntas danzan en mi cabeza
y enredan sus pasos cayendo estrepitosas,
no ubicando fisuras por donde puedan resbalar,
me sugiere una copa a beber
y me regala una botella para besar mis labios,
la aprisiono contra mis dientes
rompiendo el rojo río,
que torrentoso busca su afluente,
por entre mis hinchados ojos.
Un grifo de oxígeno se escapa en mi garganta,
vomitando suturas que zurcían mi alma
en donde se escondían las sombras
de estas preguntas incesantes,
que siguen retumbando en mi cerebro,
desconociendo si en algún momento,
lograré adueñarme de mi tiempo,
al que sólo le falta el aíre,
que hoy en abandono sigue mordiendo palabras
y yo al ritmo del desastre,
acompasada va cayendo la tarde
y yo a duras penas respiro en menguante,
siluetas bailan con cadencia al arrullo de la brisa
y yo con mi cadencia sólo un barullo de brizna.
Cuándo fue que el oxigeno disminuyó en mi estómago?,
cuándo fue que olvidé respirar por mi alma?,
cuándo fue?..., me pregunto , cuándo fue?,
cuándo fue que la noche dejó de ser azul?,
cuándo fue que el azul se volvió oscuro?,
cuándo fue?!..., me pregunto , cuándo fue?!,
cuándo dejaron de jadear mis manos con la ausencia de tu cercanía?,
cuándo dejó de oler mi nariz el barniz de tus pasos?,
cuándo fue?!!..., me pregunto , cuándo fue?!!.
Las preguntas danzan en mi cabeza
y enredan sus pasos cayendo estrepitosas,
no ubicando fisuras por donde puedan resbalar,
me sugiere una copa a beber
y me regala una botella para besar mis labios,
la aprisiono contra mis dientes
rompiendo el rojo río,
que torrentoso busca su afluente,
por entre mis hinchados ojos.
Un grifo de oxígeno se escapa en mi garganta,
vomitando suturas que zurcían mi alma
en donde se escondían las sombras
de estas preguntas incesantes,
que siguen retumbando en mi cerebro,
desconociendo si en algún momento,
lograré adueñarme de mi tiempo,
al que sólo le falta el aíre,
que hoy en abandono sigue mordiendo palabras