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Oye, seremos amantes, amanecer de mi día,
como las hojas caen en un otoño callado,
donde el viento susurra una melancólica melodía,
y el sol se oculta detrás de un velo de nubes, desgastado.
Nadie sabrá el secreto de esta suave tristeza,
la sombra se mece en los susurros del pasado,
la luz se apaga en la brisa fría de tu belleza,
desdibujando sueños, dejando el alma en estado.
Tristes como ese valle que a oscurecerse empieza,
mientras la luna mira, con su rostro plateado,
y el río murmura historias de amor y fortaleza,
un lamento dulce que se siente ahogado.
Tristes como las estrellas que en la noche titilan,
soñando un reflejo en las aguas del destino,
tristes como las flores que en la brisa se aniquilan,
buscando en el silencio el aliento divino.
Pero en esta tristeza, hay belleza escondida,
un lazo sincero que une nuestras almas,
aunque el tiempo sea cruel y la vida herida,
hay paz en esta pena, hay dulzura en las palmas.
Oye, seremos amantes, señora mía,
si en esta relación hallamos consuelo,
cuando las miradas se encuentran en armonía,
y alzamos nuestras voces en un antiguo anhelo.
Oye, seremos amantes, amanecer de mi día,
como las hojas caen en un otoño callado,
donde el viento susurra una melancólica melodía,
y el sol se oculta detrás de un velo de nubes, desgastado.
Nadie sabrá el secreto de esta suave tristeza,
la sombra se mece en los susurros del pasado,
la luz se apaga en la brisa fría de tu belleza,
desdibujando sueños, dejando el alma en estado.
Tristes como ese valle que a oscurecerse empieza,
mientras la luna mira, con su rostro plateado,
y el río murmura historias de amor y fortaleza,
un lamento dulce que se siente ahogado.
Tristes como las estrellas que en la noche titilan,
soñando un reflejo en las aguas del destino,
tristes como las flores que en la brisa se aniquilan,
buscando en el silencio el aliento divino.
Pero en esta tristeza, hay belleza escondida,
un lazo sincero que une nuestras almas,
aunque el tiempo sea cruel y la vida herida,
hay paz en esta pena, hay dulzura en las palmas.
Oye, seremos amantes, señora mía,
si en esta relación hallamos consuelo,
cuando las miradas se encuentran en armonía,
y alzamos nuestras voces en un antiguo anhelo.
Oye, seremos amantes, amanecer de mi día,
como las hojas caen en un otoño callado,
donde el viento susurra una melancólica melodía,
y el sol se oculta detrás de un velo de nubes, desgastado.
Nadie sabrá el secreto de esta suave tristeza,
la sombra se mece en los susurros del pasado,
la luz se apaga en la brisa fría de tu belleza,
desdibujando sueños, dejando el alma en estado.
Tristes como ese valle que a oscurecerse empieza,
mientras la luna mira, con su rostro plateado,
y el río murmura historias de amor y fortaleza,
un lamento dulce que se siente ahogado.
Tristes como las estrellas que en la noche titilan,
soñando un reflejo en las aguas del destino,
tristes como las flores que en la brisa se aniquilan,
buscando en el silencio el aliento divino.
Pero en esta tristeza, hay belleza escondida,
un lazo sincero que une nuestras almas,
aunque el tiempo sea cruel y la vida herida,
hay paz en esta pena, hay dulzura en las palmas.
Oye, seremos amantes, señora mía,
si en esta relación hallamos consuelo,
cuando las miradas se encuentran en armonía,
y alzamos nuestras voces en un antiguo anhelo.
Oye, seremos amantes, amanecer de mi día,
como las hojas caen en un otoño callado,
donde el viento susurra una melancólica melodía,
y el sol se oculta detrás de un velo de nubes, desgastado.
Nadie sabrá el secreto de esta suave tristeza,
la sombra se mece en los susurros del pasado,
la luz se apaga en la brisa fría de tu belleza,
desdibujando sueños, dejando el alma en estado.
Tristes como ese valle que a oscurecerse empieza,
mientras la luna mira, con su rostro plateado,
y el río murmura historias de amor y fortaleza,
un lamento dulce que se siente ahogado.
Tristes como las estrellas que en la noche titilan,
soñando un reflejo en las aguas del destino,
tristes como las flores que en la brisa se aniquilan,
buscando en el silencio el aliento divino.
Pero en esta tristeza, hay belleza escondida,
un lazo sincero que une nuestras almas,
aunque el tiempo sea cruel y la vida herida,
hay paz en esta pena, hay dulzura en las palmas.
Oye, seremos amantes, señora mía,
si en esta relación hallamos consuelo,
cuando las miradas se encuentran en armonía,
y alzamos nuestras voces en un antiguo anhelo.