joanmoypra
Poeta que considera el portal su segunda casa
El que padre nunca fue
no llegara a comprender
el orgullo que uno siente
al engendrar un nuevo ser;
ese ser tan indefenso
y tan frágil a la vez,
que es el fruto del amor
de un hombre y una mujer.
Yo que he tenido la dicha
de este acontecimiento vivir,
no encuentro palabra humana
que lo pueda describir,
solo unos recuerdos lejanos
de como unos felices padres
recibieron unos impagables regalos.
Cuando un hijo recibimos
un regalo divino recibimos,
y es cuando nos damos cuenta
el valor de nuestros padres
cuando a este mundo vinimos,
agradeciendo su esfuerzo
por el sacrificio que hicieron
cuando con ellos convivimos.
Ahora que ya somos viejos
y el tiempo mucho no importa,
con nuestros hijos adultos
y a solas de nuevo en casa,
es cuando nos damos cuenta
lo rápido que el tiempo pasa,
y vemos a nuestra juventud
en los otros miembros de la casa.
Pero si hay algo especial
y que más nos llena de orgullo,
es cuando el ser al que la vida le dimos
nos devuelve la partida
y nos regala un hijo suyo,
para rellenar ese hueco que
en nuestra existencia dejaron,
ese día que volaron para
descubrir solos el mundo.
Un nieto que es la luz
que la providencia nos envía
para recordarnos la importancia
que tenemos en la vida,
y que por nuestras venas
fluya de nuevo la ilusión
y la alegría que teníamos dormida.
Ser abuelo es otra cosa
y comparativa no tiene
con los diferentes procesos
que durante la vida se tienen;
se empieza a vivir de nuevo
con ímpetu y algarabía,
demostrando a los demás
que aunque arrugados estemos
energía aún tenemos
para cuidar a nuestros nietos
y educarlos todavía;
siendo ellos la última luz
que veremos no apagarse
cuando nos toque marchar
o nos llamen algún día.
Joanmoypra/febrero/2012
http://sancholanza.blogspot.com/
no llegara a comprender
el orgullo que uno siente
al engendrar un nuevo ser;
ese ser tan indefenso
y tan frágil a la vez,
que es el fruto del amor
de un hombre y una mujer.
Yo que he tenido la dicha
de este acontecimiento vivir,
no encuentro palabra humana
que lo pueda describir,
solo unos recuerdos lejanos
de como unos felices padres
recibieron unos impagables regalos.
Cuando un hijo recibimos
un regalo divino recibimos,
y es cuando nos damos cuenta
el valor de nuestros padres
cuando a este mundo vinimos,
agradeciendo su esfuerzo
por el sacrificio que hicieron
cuando con ellos convivimos.
Ahora que ya somos viejos
y el tiempo mucho no importa,
con nuestros hijos adultos
y a solas de nuevo en casa,
es cuando nos damos cuenta
lo rápido que el tiempo pasa,
y vemos a nuestra juventud
en los otros miembros de la casa.
Pero si hay algo especial
y que más nos llena de orgullo,
es cuando el ser al que la vida le dimos
nos devuelve la partida
y nos regala un hijo suyo,
para rellenar ese hueco que
en nuestra existencia dejaron,
ese día que volaron para
descubrir solos el mundo.
Un nieto que es la luz
que la providencia nos envía
para recordarnos la importancia
que tenemos en la vida,
y que por nuestras venas
fluya de nuevo la ilusión
y la alegría que teníamos dormida.
Ser abuelo es otra cosa
y comparativa no tiene
con los diferentes procesos
que durante la vida se tienen;
se empieza a vivir de nuevo
con ímpetu y algarabía,
demostrando a los demás
que aunque arrugados estemos
energía aún tenemos
para cuidar a nuestros nietos
y educarlos todavía;
siendo ellos la última luz
que veremos no apagarse
cuando nos toque marchar
o nos llamen algún día.
Joanmoypra/febrero/2012
http://sancholanza.blogspot.com/