Sopla el viento y aún no ha amanecido esta noche.
El crujir de las persianas hace recordar que los tobillos son débiles.
Entre cuatro paredes, la ley del deseo conyugal se vuelve fuerte, no así
en la calle de las palmeras, a la vista de todos, las parejas se separan
y beben cerveza unos frente a otros, sin decirse nada porque ya está todo dicho.
Cuando en una historia hay "algo", los silencios no incomodan, se vuelven sutiles al
tacto del amor.
Su amor, como el tuyo, es diferente, subjetivo y cruel en bocas cerradas y cuerpos
sin pasiones y sentido de la curiosidad.
Ambos se acompañan, en sus andanzas soñadoras y en sus noches de ojos abiertos.
La canción
La flor marchita
Y el libro cerrado por la página veintidós
Que sus corazones tiemblan al tintineo de sus piernas a las siete de la mañana.
Identifican el olor a café del otro.
Al igual que el sonido de sus tobillos, como el de las persianas, en noches en las que
sopla el viento y sólo se escucha el crujir de los muelles.
Todo es cosa de los dos.
Hablando de todo, se podría decir que nada permanece callado en sus bocas.
Porque tú eres tú y yo soy yo, pero todo contigo y sin mí, le dijo más de una vez.
Él no lava las copas de vino hasta que pasan dos días, le gusta ver los labios de ella sellados.
También en la copa, porque es cuando más disfruta.
Ella no suele hablar en demasía ¿para qué? si ya está todo dicho; se responde.
Lo que no sabe es que él busca interrogantes en otros labios, los suyos sellados por el paso del tiempo
y las experiencias en las que se columpiaron, son parte de un pasado existente en un presente intacto, virgen y muerto, como la flor que ella depuso en la página veintidós.
Pueden evitar amarse cada mañana.
Aunque cuando llega la media luna, la que te sonríe si la miras, se encuentran en la cama, los dos solos,
hasta que el rocío de la mañana los duerme.
Es una historia sin final, porque las buenas historias nunca acaban bien, por eso, y por el morbo de dejarlo así, quizá sin sentido, pero con textura suave, os irrito y aproximo a un pasaje, por el que pasaréis y en el que dejaréis estela si el miedo no os vence.
El crujir de las persianas hace recordar que los tobillos son débiles.
Entre cuatro paredes, la ley del deseo conyugal se vuelve fuerte, no así
en la calle de las palmeras, a la vista de todos, las parejas se separan
y beben cerveza unos frente a otros, sin decirse nada porque ya está todo dicho.
Cuando en una historia hay "algo", los silencios no incomodan, se vuelven sutiles al
tacto del amor.
Su amor, como el tuyo, es diferente, subjetivo y cruel en bocas cerradas y cuerpos
sin pasiones y sentido de la curiosidad.
Ambos se acompañan, en sus andanzas soñadoras y en sus noches de ojos abiertos.
La canción
La flor marchita
Y el libro cerrado por la página veintidós
Que sus corazones tiemblan al tintineo de sus piernas a las siete de la mañana.
Identifican el olor a café del otro.
Al igual que el sonido de sus tobillos, como el de las persianas, en noches en las que
sopla el viento y sólo se escucha el crujir de los muelles.
Todo es cosa de los dos.
Hablando de todo, se podría decir que nada permanece callado en sus bocas.
Porque tú eres tú y yo soy yo, pero todo contigo y sin mí, le dijo más de una vez.
Él no lava las copas de vino hasta que pasan dos días, le gusta ver los labios de ella sellados.
También en la copa, porque es cuando más disfruta.
Ella no suele hablar en demasía ¿para qué? si ya está todo dicho; se responde.
Lo que no sabe es que él busca interrogantes en otros labios, los suyos sellados por el paso del tiempo
y las experiencias en las que se columpiaron, son parte de un pasado existente en un presente intacto, virgen y muerto, como la flor que ella depuso en la página veintidós.
Pueden evitar amarse cada mañana.
Aunque cuando llega la media luna, la que te sonríe si la miras, se encuentran en la cama, los dos solos,
hasta que el rocío de la mañana los duerme.
Es una historia sin final, porque las buenas historias nunca acaban bien, por eso, y por el morbo de dejarlo así, quizá sin sentido, pero con textura suave, os irrito y aproximo a un pasaje, por el que pasaréis y en el que dejaréis estela si el miedo no os vence.