Alida Yépez
Poeta asiduo al portal
Asomada en ésta ventana,
me asombro de lo apresurado de estos mundos.
Tengo sueños de ultratumba.
Pareciera que el alma se me aferra a un vidrio mágico,
como vía de escape a las penas;
he creado nuestros propios monstruos nocturnos y me desvelan.
La mente es más traviesa, entre sus marañas de conexiones me enreda
con pensamientos que simulan un mutismo parcial,
que tienta con acabar con el pseudomundo en el que existo.
Suenan las gotas en el charco, formado de agua podrida
El viento se burla de la gracia con la que caminan solos en la penumbra...
buscan desesperadamente quien termine un sufrimiento infértil,
un culpable: la justificación.
Una pérdida de tiempo desmesurado.
Mirar el reloj es un vicio y un castigo,
el veneno inyectado en las venas de quien espera una respuesta.
Ahora, siguen los pasos.
Los fantasmas aparecen y generan una falsa alegría, ilusión mal habida.
Y por un instante el ruido molesto de las agujas se detiene
a observar lo anegado de los recuerdos.
La noche es una tormenta, de ideas, luces, miedos, alegatos
Se desgastan las horas en momentos absurdos Me lleno de delirio.
Cada sonido atormenta, el humor en fiesta y el juicio distraído en otras contiendas.
Todos asumimos la noche como una escapatoria,
y regresamos a la magia de la luz que simula ser amiga,
nuestro país de noctámbulos ubicado en este mago nocturno
Alida Yépez
me asombro de lo apresurado de estos mundos.
Tengo sueños de ultratumba.
Pareciera que el alma se me aferra a un vidrio mágico,
como vía de escape a las penas;
he creado nuestros propios monstruos nocturnos y me desvelan.
La mente es más traviesa, entre sus marañas de conexiones me enreda
con pensamientos que simulan un mutismo parcial,
que tienta con acabar con el pseudomundo en el que existo.
Suenan las gotas en el charco, formado de agua podrida
El viento se burla de la gracia con la que caminan solos en la penumbra...
buscan desesperadamente quien termine un sufrimiento infértil,
un culpable: la justificación.
Una pérdida de tiempo desmesurado.
Mirar el reloj es un vicio y un castigo,
el veneno inyectado en las venas de quien espera una respuesta.
Ahora, siguen los pasos.
Los fantasmas aparecen y generan una falsa alegría, ilusión mal habida.
Y por un instante el ruido molesto de las agujas se detiene
a observar lo anegado de los recuerdos.
La noche es una tormenta, de ideas, luces, miedos, alegatos
Se desgastan las horas en momentos absurdos Me lleno de delirio.
Cada sonido atormenta, el humor en fiesta y el juicio distraído en otras contiendas.
Todos asumimos la noche como una escapatoria,
y regresamos a la magia de la luz que simula ser amiga,
nuestro país de noctámbulos ubicado en este mago nocturno
Alida Yépez
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