PAISAJE DE LA CIUDAD TRAS LA ÚLTIMA DERROTA
En su irrisorio deambular de medianoche
la serpiente beoda escandaliza a las gentes
Es un amago de monstruo salido de las páginas fecundas
de un viejo poeta alemán. La calle llora.
Vehículos recién pintados esquivan los cadáveres reptantes
que buscan con desespero sus cabezas seccionadas.
Algunas almas pías colocan equivocadamente
rubias cabezas sobre cuerpos estremecidos.
Vuelan pétalos de rosas pues no quedan mariposas
y los vencedores exigen homenajes y holocaustos.
Trepidan los viejos tanques que reparten caramelos
entre los niños vencidos.
Pero la lluvia no cesa.
Lluvia de ácido tétrico con fragmentos de moscas desaladas
Ni tampoco las antiguas canciones que auguraban la derrota.
Canciones de los goliardos borrachos
cantadas en tabernas o catedrales ruinosas.
Mausoleo a las turbas victoriosas
Nuevas músicas tristemente alegres
entonadas desde el suelo
por las serpientes que reptan entre cabezas cortadas.
El pánico sobrevuela como un refrán insistente.
Se despliegan los diarios de la tarde
que anuncian acuciados las primeras noticias de la paz
y las oficinas donde depositar los óbolos voluntarios
Los cementerios se cierran por estar fuera de servicio.
Brillos de sangre, barro y claros reflejos de luna
enaltecen los rústicos adoquines
y desde los balcones brota el amor lujurioso para regar los geranios
No fue posible la paz afortunadamente
No fue posible una paz que aruinaría los negocios.
Los amantes han de retrasar sus citas de amor lustral.
Tal vez cuando los cuerpos encuentren sus cabezas...
Tal vez cuando el invierno se transforme en primavera
Tal vez, tal vez
Ilust.: “Los inservibles”. Carmen Selma. 2016
En su irrisorio deambular de medianoche
la serpiente beoda escandaliza a las gentes
Es un amago de monstruo salido de las páginas fecundas
de un viejo poeta alemán. La calle llora.
Vehículos recién pintados esquivan los cadáveres reptantes
que buscan con desespero sus cabezas seccionadas.
Algunas almas pías colocan equivocadamente
rubias cabezas sobre cuerpos estremecidos.
Vuelan pétalos de rosas pues no quedan mariposas
y los vencedores exigen homenajes y holocaustos.
Trepidan los viejos tanques que reparten caramelos
entre los niños vencidos.
Pero la lluvia no cesa.
Lluvia de ácido tétrico con fragmentos de moscas desaladas
Ni tampoco las antiguas canciones que auguraban la derrota.
Canciones de los goliardos borrachos
cantadas en tabernas o catedrales ruinosas.
Mausoleo a las turbas victoriosas
Nuevas músicas tristemente alegres
entonadas desde el suelo
por las serpientes que reptan entre cabezas cortadas.
El pánico sobrevuela como un refrán insistente.
Se despliegan los diarios de la tarde
que anuncian acuciados las primeras noticias de la paz
y las oficinas donde depositar los óbolos voluntarios
Los cementerios se cierran por estar fuera de servicio.
Brillos de sangre, barro y claros reflejos de luna
enaltecen los rústicos adoquines
y desde los balcones brota el amor lujurioso para regar los geranios
No fue posible la paz afortunadamente
No fue posible una paz que aruinaría los negocios.
Los amantes han de retrasar sus citas de amor lustral.
Tal vez cuando los cuerpos encuentren sus cabezas...
Tal vez cuando el invierno se transforme en primavera
Tal vez, tal vez
Ilust.: “Los inservibles”. Carmen Selma. 2016