Un sol amarillento y blando se deshace
como nubes o tranvías sin destino.
Las plazas resuenan con ecos de noches tristes
y sus fuentes lloran lágrimas nocturnas.
Vacías cremalleras
vasijas que van llenas
amaneceres sin días
oblicuidades de campo nunca arado
Llueve en ciudades sin techos protectores
llueve el fuego que hace puro el adoquín
y las flores de amianto enternecen
al oficinista que regresa a la prisión.
Sobre el mar cárdeno
calaveras de bisontes
vuelven al puerto de Naxos
mientras Ariadna
espera su rescate.
Árboles sin cima ni copa generosa
árboles de llama transparente y fría
la ciudad es un granero de escorpiones
que devoran en silencio los leprosos.
Brotan de tus ojos las rosas perforadas
ofrenda y fruto a los invictos apátridas
florecen las puntas de mis dedos
para poder escribir los versos más tristes de esta noche.
Estrellas, estrellas que hacen luz de las botellas vacías
pasos que se pierden tras sus huellas
ciudad nocturna como los ojos sin pupila de los volcanes
apagad las farolas para liberar a los amantes.
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