Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
PAISAJES. DIANA XI
Quisiera escribirlo y ser
el que anuncia en la noche,
de que color son los rasgos,
de los colores que te retratan.
Mientras te aguante el labio,
el temblor de las emociones,
acate que necesita un beso,
que esparce en lo siniestro,
dos pupilas como alfombras,
que las lenguas de difuntos,
aguanten en la punta,
las esperanzas sin luz,
mientras que te palpitan,
a escondidas, los corazones,
de mil diablos
habrá vida en la muerte,
porque la aurora,
traerá a la mujer hermosa,
que hace sonrojar al infierno.
Sobre los iris de la oscuridad de una cúpula,
adornando el aura del brillo,
con los besos del agradecimiento,
destella la hermosura,
acallando a los átomos de los versos,
el aire tiembla en su cintura,
pidiéndole manos a los vientos,
Diana aparece vestida,
con la humedad en los pies,
de su baño en la laguna negra,
donde el liquido la vistió el cuerpo,
de agradecimiento.
Ardiente los goces de tanta admiración,
abre heridas al pecho del diafragma,
de un esqueleto, que se quedo muerto,
esperándote, al escuchar que existía...
que lo que no pudo guardar la vida,
lo arrope la muerte en la noche,
paisajes húmedos entre las pelvis,
de aquellas desdichadas brujas,
que sin conseguirlo,
quisieron copiar tus andares
y la forma de tensar, con gracia,
el arco que dispara,
hojas de árbol al aire.
Quisiera escribirlo y ser
el que anuncia en la noche,
de que color son los rasgos,
de los colores que te retratan.
Mientras te aguante el labio,
el temblor de las emociones,
acate que necesita un beso,
que esparce en lo siniestro,
dos pupilas como alfombras,
que las lenguas de difuntos,
aguanten en la punta,
las esperanzas sin luz,
mientras que te palpitan,
a escondidas, los corazones,
de mil diablos
habrá vida en la muerte,
porque la aurora,
traerá a la mujer hermosa,
que hace sonrojar al infierno.
Sobre los iris de la oscuridad de una cúpula,
adornando el aura del brillo,
con los besos del agradecimiento,
destella la hermosura,
acallando a los átomos de los versos,
el aire tiembla en su cintura,
pidiéndole manos a los vientos,
Diana aparece vestida,
con la humedad en los pies,
de su baño en la laguna negra,
donde el liquido la vistió el cuerpo,
de agradecimiento.
Ardiente los goces de tanta admiración,
abre heridas al pecho del diafragma,
de un esqueleto, que se quedo muerto,
esperándote, al escuchar que existía...
que lo que no pudo guardar la vida,
lo arrope la muerte en la noche,
paisajes húmedos entre las pelvis,
de aquellas desdichadas brujas,
que sin conseguirlo,
quisieron copiar tus andares
y la forma de tensar, con gracia,
el arco que dispara,
hojas de árbol al aire.
Juanjota.
::
::
::