Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
PAISAJES. DIANA XIX.
Un cortejo de olas,
abre el finito de los mares,
quieren ganarle terreno.
a la orilla de tus paisajes.
salta la espuma,
se enreda en tu pelo,
juegos de muerte,
que fenecen en tus cabellos,
pero los árboles no son palmeras,
ni las riveras de tus valles,
ni el ondular de tus caderas,
son playas entregadas,
al capricho de la marea,
se cierne en invertebrado,
el sentimiento y la guerra,
de los demonios alados,
hacen huracanes de arena
y tu Diana, impenetrable,
no cierras los ojos,
aunque tus parpados,
se fundan en desiertos,
el infierno quiere ser oasis,
y bañarse con la leche,
de tus pechos,
arrinconar el hervir,
de los brebajes,
hacer de sus lenguas,
la cuchara que recoja,
en uno de tus besos,
la más hermosa esencia,
el Ángel Negro,
quiere ser crucificado
y quedarse dentro,
de tu mirada y perder,
todo su dolor,
en el derrame
de cada una de tus lágrimas,
se tiñe de rojo el lagrimal,
para pintar la pasión,
que marcan tus pestañas,
cuando haces paisajes,
de fuego y vida,
en el frío éter del averno,
altar que alce el cincel,
donde en el nácar,
de una hermosa boca,
y sellado con un beso,
se escribió para tu eternidad,
un gótico verso.
Un cortejo de olas,
abre el finito de los mares,
quieren ganarle terreno.
a la orilla de tus paisajes.
salta la espuma,
se enreda en tu pelo,
juegos de muerte,
que fenecen en tus cabellos,
pero los árboles no son palmeras,
ni las riveras de tus valles,
ni el ondular de tus caderas,
son playas entregadas,
al capricho de la marea,
se cierne en invertebrado,
el sentimiento y la guerra,
de los demonios alados,
hacen huracanes de arena
y tu Diana, impenetrable,
no cierras los ojos,
aunque tus parpados,
se fundan en desiertos,
el infierno quiere ser oasis,
y bañarse con la leche,
de tus pechos,
arrinconar el hervir,
de los brebajes,
hacer de sus lenguas,
la cuchara que recoja,
en uno de tus besos,
la más hermosa esencia,
el Ángel Negro,
quiere ser crucificado
y quedarse dentro,
de tu mirada y perder,
todo su dolor,
en el derrame
de cada una de tus lágrimas,
se tiñe de rojo el lagrimal,
para pintar la pasión,
que marcan tus pestañas,
cuando haces paisajes,
de fuego y vida,
en el frío éter del averno,
altar que alce el cincel,
donde en el nácar,
de una hermosa boca,
y sellado con un beso,
se escribió para tu eternidad,
un gótico verso.
Juanjota.
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