Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
PAISAJES. DIANA XXIX
Aquel destello que cruza la frente,
abre el cerebro y deja volar un pensamiento,
alado despertar en el misterio,
se siente la pesadez del aire,
que se posa en las alas,
deja pesado el volar y en esfuerzo, te quedas en el aliento,
más no haces intento, sino camino el los cielos.
Del maldecir de una tumba que me espera,
esperando a que te desespere y gritando diga,
ya voy impaciente, pero en este momento
que espere la vida y la dichosa muerte,
y he de quedarme ciego de tus paisajes,
quemarse las pestañas, con el reflejo del sol
en tus fuentes y tus lagos,
hacer huellas en las sienes de las fronteras,
dejar los caminos marcados de huellas
y a los girasoles un beso, como justificación,
de que en un sueño te he andado.
Reniego de la deidad de la muerte
y de sus demonios, aunque haga mi corazón,
presa entre sus mandíbulas, quedara más vivo aún
el pensamiento de sentirte, Cazadora.
Ya sin ojos he de contemplarte, de la dicha
de saber que te he visto tan hermosa,
aunque jamás te haya contemplado
bañándote en las aguas que te minan,
sabrá hasta el último pecado,
que se haga con un sexo,
que no es que la poesía te haya deseado,
sino que un poeta muerto,
en letras te ha plasmado.
Que se queje el campanario con voz de lamento,
que el badajo golpee todas nuestras paredes,
que del transitar por el espacio, el trueno,
que se haga música y que desde el mismísimo infierno,
que abra la tierra, para alabarte, Diana.
Y de los dragones que visten de negro
con el opaco de sus alas un cielo,
surja la luz que te alumbra,
separando cuerpos y alas, que haga de la penumbra
el lugar donde yacen velas de esperanza,
y con su tintínate luz alumbra,
esas manos que mezan los paisajes,
ya decir poco ,tienen las bocas
que jamás aprendieron el descifrar del lenguaje,
le enseño a hablar a un espectro, que mira,
como de mi boca salen las palabras, como estas,
echan raíces en el alma y como el alma,
resucita en girasoles, que unidos hacen versos.
versos callados, con letra firme que forman espadas.
Aquel destello que cruza la frente,
abre el cerebro y deja volar un pensamiento,
alado despertar en el misterio,
se siente la pesadez del aire,
que se posa en las alas,
deja pesado el volar y en esfuerzo, te quedas en el aliento,
más no haces intento, sino camino el los cielos.
Del maldecir de una tumba que me espera,
esperando a que te desespere y gritando diga,
ya voy impaciente, pero en este momento
que espere la vida y la dichosa muerte,
y he de quedarme ciego de tus paisajes,
quemarse las pestañas, con el reflejo del sol
en tus fuentes y tus lagos,
hacer huellas en las sienes de las fronteras,
dejar los caminos marcados de huellas
y a los girasoles un beso, como justificación,
de que en un sueño te he andado.
Reniego de la deidad de la muerte
y de sus demonios, aunque haga mi corazón,
presa entre sus mandíbulas, quedara más vivo aún
el pensamiento de sentirte, Cazadora.
Ya sin ojos he de contemplarte, de la dicha
de saber que te he visto tan hermosa,
aunque jamás te haya contemplado
bañándote en las aguas que te minan,
sabrá hasta el último pecado,
que se haga con un sexo,
que no es que la poesía te haya deseado,
sino que un poeta muerto,
en letras te ha plasmado.
Que se queje el campanario con voz de lamento,
que el badajo golpee todas nuestras paredes,
que del transitar por el espacio, el trueno,
que se haga música y que desde el mismísimo infierno,
que abra la tierra, para alabarte, Diana.
Y de los dragones que visten de negro
con el opaco de sus alas un cielo,
surja la luz que te alumbra,
separando cuerpos y alas, que haga de la penumbra
el lugar donde yacen velas de esperanza,
y con su tintínate luz alumbra,
esas manos que mezan los paisajes,
ya decir poco ,tienen las bocas
que jamás aprendieron el descifrar del lenguaje,
le enseño a hablar a un espectro, que mira,
como de mi boca salen las palabras, como estas,
echan raíces en el alma y como el alma,
resucita en girasoles, que unidos hacen versos.
versos callados, con letra firme que forman espadas.
Juanjota.
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