PAISAJES
LA SIERRA
Fragmentaria la mirada
apenas ilumina las cumbres y sus nieblas
Los ápices de los cipreses
mínimos ventisqueros
se desmochan en claros vuelos hacia la noche.
En la sierra las rocas abandonan sus retoños
cristalizaciones insólitas
reclamando el poder que su ser mineral le confiere
Brotan las aguas mesiánicas
de sus entrañas telúricas
y los lentiscos floridos acarician los destellos
que dejan a su paso las azagayas.
Como fortín indomable la sierra nunca decae
Es límite o ardua frontera
donde descansan los héroes sus trabajos.
Bajo su sombra feraz se inclinan las torres más altas
osamentas de marfil vestigios de otras contiendas
que en los días como hoy
provocan lluvias de sangre.
Acuden a la llamada del olifante sagrado
manadas de olas como cuerpos femeninos
espumeantes sus cabelleras
y ojos de nácar fino
Son los caballos de la noche
nacidos de los dioses extinguidos
caballos que en aluvión
abandonan sus fontanas y adornados con los musgos
levantan en sus coceos estrelllas y nebulosas.
La sierra en agraz
límite del cielo oscuro de la tarde
blanduras del perfil que se recorta
en los ojos vacíos de las náyades
como muslos femeninos explayados
como vientres expandidos en el fecundo acto de la cópula.
La sierra como viento replegado en los confines
engendradora de sueños y libélulas.
EL MAR
Recipiente de aromas o manto piadoso
líquido suspiro de otras tierras prometidas
el mar como pared horizontal que nunca admite sombras
de los cuerpos fugaces que buscan amparo
en las estafetas de correo.
Sumidero de estrellas
nocturno aleteo de las capas sin sonido
parque inacabable donde anidan las alondras
que mañana alzarán sus vuelos al sol.
Acantonado paisaje con efímeras murallas
sobrevolado por ráfagas acutángulas
diedros blancos de claridad enceguecida
que rehuyen su aplicación en los pétreos blasones.
Apenas el barco traza la cicatriz que no cierra
sobre las sábanas claras
sin rastros ya de la sangrienta ceremonia
de antiguos alumbramientos
cuando las melíferas abejas marcan sendas embrionarias
para futuros conciertos.
Apelmazadas las sombras disuelven las arquitecturas del abismo
Nunca lunas clareadas penetrarán en la duda
ni los estigmas de lo humano cambiarán
el color glauco de los fondos.
Salón de puertas cerradas en el que solemnes
ceremonian los cónsules desvestidos de sus togas
lábil arquitectura de elevadísimas bóvedas
donde los ecos se pierden en resonancias infinitas
Aplausos disimulados por la orgía de los centauros
encubiertas libaciones en nacarinas caracolas
caracolas polimorfas trasuntos del infinito
egregio mar de ambiguo sexo
agotado de alumbrar epopeyas y proezas
descansa después de tu última encomienda
ser luz para henchir nuevos ojos.
CODA
Siempre humillado por la alta cerviz de la sierra
el mar, la mar, es el suntuoso manto
que la prestigia y prolonga hacia su abismo.
Coyunda que se sublima en el graznido impronunciable
de la gaviota con su vuelo circunflejo
que será la luz que alumbre el tiempo de las mandrágoras.
LA SIERRA
Fragmentaria la mirada
apenas ilumina las cumbres y sus nieblas
Los ápices de los cipreses
mínimos ventisqueros
se desmochan en claros vuelos hacia la noche.
En la sierra las rocas abandonan sus retoños
cristalizaciones insólitas
reclamando el poder que su ser mineral le confiere
Brotan las aguas mesiánicas
de sus entrañas telúricas
y los lentiscos floridos acarician los destellos
que dejan a su paso las azagayas.
Como fortín indomable la sierra nunca decae
Es límite o ardua frontera
donde descansan los héroes sus trabajos.
Bajo su sombra feraz se inclinan las torres más altas
osamentas de marfil vestigios de otras contiendas
que en los días como hoy
provocan lluvias de sangre.
Acuden a la llamada del olifante sagrado
manadas de olas como cuerpos femeninos
espumeantes sus cabelleras
y ojos de nácar fino
Son los caballos de la noche
nacidos de los dioses extinguidos
caballos que en aluvión
abandonan sus fontanas y adornados con los musgos
levantan en sus coceos estrelllas y nebulosas.
La sierra en agraz
límite del cielo oscuro de la tarde
blanduras del perfil que se recorta
en los ojos vacíos de las náyades
como muslos femeninos explayados
como vientres expandidos en el fecundo acto de la cópula.
La sierra como viento replegado en los confines
engendradora de sueños y libélulas.
EL MAR
Recipiente de aromas o manto piadoso
líquido suspiro de otras tierras prometidas
el mar como pared horizontal que nunca admite sombras
de los cuerpos fugaces que buscan amparo
en las estafetas de correo.
Sumidero de estrellas
nocturno aleteo de las capas sin sonido
parque inacabable donde anidan las alondras
que mañana alzarán sus vuelos al sol.
Acantonado paisaje con efímeras murallas
sobrevolado por ráfagas acutángulas
diedros blancos de claridad enceguecida
que rehuyen su aplicación en los pétreos blasones.
Apenas el barco traza la cicatriz que no cierra
sobre las sábanas claras
sin rastros ya de la sangrienta ceremonia
de antiguos alumbramientos
cuando las melíferas abejas marcan sendas embrionarias
para futuros conciertos.
Apelmazadas las sombras disuelven las arquitecturas del abismo
Nunca lunas clareadas penetrarán en la duda
ni los estigmas de lo humano cambiarán
el color glauco de los fondos.
Salón de puertas cerradas en el que solemnes
ceremonian los cónsules desvestidos de sus togas
lábil arquitectura de elevadísimas bóvedas
donde los ecos se pierden en resonancias infinitas
Aplausos disimulados por la orgía de los centauros
encubiertas libaciones en nacarinas caracolas
caracolas polimorfas trasuntos del infinito
egregio mar de ambiguo sexo
agotado de alumbrar epopeyas y proezas
descansa después de tu última encomienda
ser luz para henchir nuevos ojos.
CODA
Siempre humillado por la alta cerviz de la sierra
el mar, la mar, es el suntuoso manto
que la prestigia y prolonga hacia su abismo.
Coyunda que se sublima en el graznido impronunciable
de la gaviota con su vuelo circunflejo
que será la luz que alumbre el tiempo de las mandrágoras.