teodoro12345
Poeta recién llegado
Pajarita yo no te pido nada y si acaso te pidiera algo, fuera tu sonrisa de escarcha.
Yo no tengo mucho para darte. Pero si alguna vez me pides algo sin dudarlo te lo daría.
Todo esto que soy. Lo poco que soy. Que son mis manos y mi aliento que a veces canta,
como música que viene desde mi juventud. Desde que era un precoz niño que besaba la
tierra. Este poco aire que soy como el viento de la sierra. Cargado a veces de dolor.
Dolor que se siente como una espada cruel que forma tu nombre entre mis guerras.
Yo no quiero que me entregues nada, más que esa inocencia de hormiga y esa sonrisa
de primavera, sonrisa que emociona hasta las piedras, que hace fallecer mi oriente.
Sonrisa de niña tierna, amable y vanidosa, que me captura como un animal bueno, que busca
una covacha para abrazarte y llorarte y pedirte perdón por esos dolores huecos, que
tardan en sanar. Que oprimen como un crucifijo marcado en los abriles y en el pecho.
Que nos siguen despacio, como nuestros pasos a la ribera de un barranco ciego. Donde juego
a ser de bronce. Estatua que da las espaldas a Dios y a las pertenencias de los hombres.
Yo no te pido nada Pajarita más que tu voz lejana. Que me toque entre el sueño y me diga que
me ama. Que me busque entre mi bosque de dictaduras. Que me haga despertar en calma.
Yo soy un hombre de ribera. Crecido en las montañas. Por eso Pajarita te comparo con las
plantas. Esas que crecieron entre la cortina y la ventana. Ventana abierta como un pecho que
cansado de llorar, se convierte en una sábana. Madrigal victorioso que parece que llegara
desde el fondo de una nube para hacerse una lágrima. Mi querida bella guambra, llora esa
lágrima, porque desde mi ojo triste yo también busco esa lágrima.
Pajarita yo te amo y mi amor se hace agua.
Lluvia de sentires que llegan a tu hamaca. Si la sientes bébela y seamos como algas.
Que después alimentaran a los peces guardianes de la casa.
Casa de los ríos, que intergalácticos entre las noches nos abrazan.
Que nos encierran entre sus brazos para volvernos hojarascas.
Pajarita no pido nada más que tu voz envuelta de aire que me refresque en las mañanas.
Yo no tengo mucho para darte. Pero si alguna vez me pides algo sin dudarlo te lo daría.
Todo esto que soy. Lo poco que soy. Que son mis manos y mi aliento que a veces canta,
como música que viene desde mi juventud. Desde que era un precoz niño que besaba la
tierra. Este poco aire que soy como el viento de la sierra. Cargado a veces de dolor.
Dolor que se siente como una espada cruel que forma tu nombre entre mis guerras.
Yo no quiero que me entregues nada, más que esa inocencia de hormiga y esa sonrisa
de primavera, sonrisa que emociona hasta las piedras, que hace fallecer mi oriente.
Sonrisa de niña tierna, amable y vanidosa, que me captura como un animal bueno, que busca
una covacha para abrazarte y llorarte y pedirte perdón por esos dolores huecos, que
tardan en sanar. Que oprimen como un crucifijo marcado en los abriles y en el pecho.
Que nos siguen despacio, como nuestros pasos a la ribera de un barranco ciego. Donde juego
a ser de bronce. Estatua que da las espaldas a Dios y a las pertenencias de los hombres.
Yo no te pido nada Pajarita más que tu voz lejana. Que me toque entre el sueño y me diga que
me ama. Que me busque entre mi bosque de dictaduras. Que me haga despertar en calma.
Yo soy un hombre de ribera. Crecido en las montañas. Por eso Pajarita te comparo con las
plantas. Esas que crecieron entre la cortina y la ventana. Ventana abierta como un pecho que
cansado de llorar, se convierte en una sábana. Madrigal victorioso que parece que llegara
desde el fondo de una nube para hacerse una lágrima. Mi querida bella guambra, llora esa
lágrima, porque desde mi ojo triste yo también busco esa lágrima.
Pajarita yo te amo y mi amor se hace agua.
Lluvia de sentires que llegan a tu hamaca. Si la sientes bébela y seamos como algas.
Que después alimentaran a los peces guardianes de la casa.
Casa de los ríos, que intergalácticos entre las noches nos abrazan.
Que nos encierran entre sus brazos para volvernos hojarascas.
Pajarita no pido nada más que tu voz envuelta de aire que me refresque en las mañanas.