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Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Pajaritos, pajaritos!
gritaba el vendedor,
frotándose las manos,
al ver en el color de sus plumitas,
el oro y su resplandor.
Frente a la escuela,
donde venderlo quería,
se acercó una pequeñita,
que cariñosa le decía,
¡pajarito! ¡pajarito!
¿por qué no se escucha ya tu trino?
¡Cuan villano es usted, señor!
que al pajarito cantor,
la libertad le quita,
¿que no sabe,
que con solo poner,
azúcar en su fuente,
llegara toda su familia,
y le cantaran por torrentes?
¡Déjelo en libertad!
y así el podrá,
reunir a su familia,
y juntos cantar con alegría.
gritaba el vendedor,
frotándose las manos,
al ver en el color de sus plumitas,
el oro y su resplandor.
Frente a la escuela,
donde venderlo quería,
se acercó una pequeñita,
que cariñosa le decía,
¡pajarito! ¡pajarito!
¿por qué no se escucha ya tu trino?
¡Cuan villano es usted, señor!
que al pajarito cantor,
la libertad le quita,
¿que no sabe,
que con solo poner,
azúcar en su fuente,
llegara toda su familia,
y le cantaran por torrentes?
¡Déjelo en libertad!
y así el podrá,
reunir a su familia,
y juntos cantar con alegría.