En el patio melodioso,
impregnado de la niñez pasada,
en un rincón hay una jaula
¡Jaula que canta!
Son ocho pájaros
residente de esta vivienda,
dos machos trovadores
y seis hembras muy coquetas.
Un día de invierno,
de invierno perenne,
en la silla del lado
atisbaba sus quehaceres.
Casi la tarde, estuve comparándonos,
bebían, comían, diferencia casi no encontraba,
sin contar nuestra maldita carencia,
ellos sí volaban...
Había uno que estaba triste,
un macho enamorado,
cuando el otro macho y su amada se amaban,
se le veía derrotado.
No imagino como será
para el pobre pajarito,
el dolor de su realidad,
aguantar la trivialidad.
Moriría por dejarlo volar
para que no sufriera,
pero no se puede
así son las reglas internas.
No es necesario ser un ser humano,
ni tampoco ser un ser divino,
para amar sólo es necesario amar,
por eso no importa el raciocinio.
Me quedaré en esta silla
y en su jaula observarle,
Dios también me observa,
en mi jaula, cada tarde...
impregnado de la niñez pasada,
en un rincón hay una jaula
¡Jaula que canta!
Son ocho pájaros
residente de esta vivienda,
dos machos trovadores
y seis hembras muy coquetas.
Un día de invierno,
de invierno perenne,
en la silla del lado
atisbaba sus quehaceres.
Casi la tarde, estuve comparándonos,
bebían, comían, diferencia casi no encontraba,
sin contar nuestra maldita carencia,
ellos sí volaban...
Había uno que estaba triste,
un macho enamorado,
cuando el otro macho y su amada se amaban,
se le veía derrotado.
No imagino como será
para el pobre pajarito,
el dolor de su realidad,
aguantar la trivialidad.
Moriría por dejarlo volar
para que no sufriera,
pero no se puede
así son las reglas internas.
No es necesario ser un ser humano,
ni tampoco ser un ser divino,
para amar sólo es necesario amar,
por eso no importa el raciocinio.
Me quedaré en esta silla
y en su jaula observarle,
Dios también me observa,
en mi jaula, cada tarde...