La Sexorcisto
Lluna V. L.
Ayer, rellené un montón
de folios en blanco sin sentido,
y la tarde no se rellenaba con nada.
Ayer, intenté rellenar un sinfín
de formularios por internet
y se me hizo de noche.
Cuéntame, cuéntame dulce noche
dónde está tu lengua
y tus alhajas guarda sueños
de lo que me queda por escribir.
Cuéntame, cuéntame, noche,
si es que llamé a Telepizza
y que hace ahí esa botella de Merlot.
Cuéntame lo que no sé contar,
eso que hay más allá de la puerta
y cuantos ceros hay tras el uno,
dos
tres
cuatro.
Tengo una medianoche
de párpados pesados.
Un poco más arriba de mi casa
en la curva flotaba,
¿será que era La Aparecida?
Que era la que hacía autostop,
fantasmagórica.
Mi amado Azathoth,
estuve escribiendo para nada
hasta que la mañana quemó mis labios
y los vagabundos empezaron a vomitar
al despertar el sol
y mi hija llegó de fiesta, dando un portazo.
Así es, porque yo estaba en algún lugar,
deseando volver a la vida,
cuéntame, cuéntame algo.
Podría contactarte que:
Hace milenios estuve rellenando
pictogramas sin sentido
en una cueva,
no sé si sería amor
no sé si sería paz.
Quizás era la necesidad
de poder oler la brisa
mezclada con espliego y mar,
cubrir mis ojos y cerrarlos.
Hace mucho tiempo
había un paisaje dentro de un paisaje,
olivos y carrascas en un campo anaranjado
sucumbiendo a la palabra escrita
y al sonido sin sonido dentro de la saliva.
Y de esa forma rellenaba
constelaciones o cajas
o lo que fuese,
una tarde tras otra tarde
hasta que no había tiempo,
hasta que no había nada escribiendo
y era la escarcha del aliento
la que dejaba algo de lo que iba a ser.
Cuéntame,
cuéntame que no iba a rellenar
nada de nada,
ni pájaros
ni amor ni duelo.
de folios en blanco sin sentido,
y la tarde no se rellenaba con nada.
Ayer, intenté rellenar un sinfín
de formularios por internet
y se me hizo de noche.
Cuéntame, cuéntame dulce noche
dónde está tu lengua
y tus alhajas guarda sueños
de lo que me queda por escribir.
Cuéntame, cuéntame, noche,
si es que llamé a Telepizza
y que hace ahí esa botella de Merlot.
Cuéntame lo que no sé contar,
eso que hay más allá de la puerta
y cuantos ceros hay tras el uno,
dos
tres
cuatro.
Tengo una medianoche
de párpados pesados.
Un poco más arriba de mi casa
en la curva flotaba,
¿será que era La Aparecida?
Que era la que hacía autostop,
fantasmagórica.
Mi amado Azathoth,
estuve escribiendo para nada
hasta que la mañana quemó mis labios
y los vagabundos empezaron a vomitar
al despertar el sol
y mi hija llegó de fiesta, dando un portazo.
Así es, porque yo estaba en algún lugar,
deseando volver a la vida,
cuéntame, cuéntame algo.
Podría contactarte que:
Hace milenios estuve rellenando
pictogramas sin sentido
en una cueva,
no sé si sería amor
no sé si sería paz.
Quizás era la necesidad
de poder oler la brisa
mezclada con espliego y mar,
cubrir mis ojos y cerrarlos.
Hace mucho tiempo
había un paisaje dentro de un paisaje,
olivos y carrascas en un campo anaranjado
sucumbiendo a la palabra escrita
y al sonido sin sonido dentro de la saliva.
Y de esa forma rellenaba
constelaciones o cajas
o lo que fuese,
una tarde tras otra tarde
hasta que no había tiempo,
hasta que no había nada escribiendo
y era la escarcha del aliento
la que dejaba algo de lo que iba a ser.
Cuéntame,
cuéntame que no iba a rellenar
nada de nada,
ni pájaros
ni amor ni duelo.