Diego Balestrini
Poeta asiduo al portal
Y si aquellas puertas se deshacen,
solo tu mirada quedara y yo fiel a tus deseos
en remolinos apasionados blandiré mi ser,
para cortar con filo sigiloso, la distancia
que se agobia entre tu boca y mi piel.
Permíteme alocarme con cuidado, para saborear despacio
el tiempo que dure tu presencia, y llevarte en un momento,
hasta el sugerente desliz, y atraparlo con un hilo de voz,
para tratar lo que perdiste sin querer,
y sellarlo con un beso de una buena y maldita vez.
Y en tus manos yo guardare, un puñado de esperanzas,
para recordarte que aquí, mi corazón, esta tu pequeño trozo de luz,
y decirme que entre tu locura y mi razón,
se lanzo a brillar incandescente mi pasión.
Dulce, dulce, como la miel, tus labios se me pintaron traviesos,
y se deslizo inspirada la elocuencia de mis dedos,
para rozar con tejida ilusión, aquel efímero momento que hice mío, cuando de ti tome la elegancia de tu esencia,
y me enrede pasivo entre tus maquiavelidades.
Así
Las palabras se ahorcaran y de tus palmas gozare el calor,
Tomare a sorbos tu mirada, y dibujare margaritas con tus caricias,
Para deshojarlas sin cuidado sobre la tierra de mi existencia.
Pero ahora
¡Hazme!, hazme un favor, y vuélame en un susurro, el sonido
que dejo tu adiós, para sonreír tranquilo al cielo, y bañarme
en la andrajosa venida de la realidad, así caeré en un zumbido
peculiar de los lujos desérticos de tu sombra pintada de marfil.
solo tu mirada quedara y yo fiel a tus deseos
en remolinos apasionados blandiré mi ser,
para cortar con filo sigiloso, la distancia
que se agobia entre tu boca y mi piel.
Permíteme alocarme con cuidado, para saborear despacio
el tiempo que dure tu presencia, y llevarte en un momento,
hasta el sugerente desliz, y atraparlo con un hilo de voz,
para tratar lo que perdiste sin querer,
y sellarlo con un beso de una buena y maldita vez.
Y en tus manos yo guardare, un puñado de esperanzas,
para recordarte que aquí, mi corazón, esta tu pequeño trozo de luz,
y decirme que entre tu locura y mi razón,
se lanzo a brillar incandescente mi pasión.
Dulce, dulce, como la miel, tus labios se me pintaron traviesos,
y se deslizo inspirada la elocuencia de mis dedos,
para rozar con tejida ilusión, aquel efímero momento que hice mío, cuando de ti tome la elegancia de tu esencia,
y me enrede pasivo entre tus maquiavelidades.
Así
Las palabras se ahorcaran y de tus palmas gozare el calor,
Tomare a sorbos tu mirada, y dibujare margaritas con tus caricias,
Para deshojarlas sin cuidado sobre la tierra de mi existencia.
Pero ahora
¡Hazme!, hazme un favor, y vuélame en un susurro, el sonido
que dejo tu adiós, para sonreír tranquilo al cielo, y bañarme
en la andrajosa venida de la realidad, así caeré en un zumbido
peculiar de los lujos desérticos de tu sombra pintada de marfil.
d.b
Diego E. Balestrini