Minúsculo, donde nos precipitan los precipicios,
y los ciclos del color desencadenan…
la palabra hermana,
los afluentes de mi flor;
las veladuras del jolgorio
y un bostezo azul en una fuente de gaviotas…
Por las costuras de las calles, hasta la plaza,
donde la piel centellea entre la cerámica de las estrellas…
esos ferrocarriles que atraviesan las ventanas olvidadas,
con la balada que nos deja escarchas
en los puentes del mañana…
el relleno de palabras,
con los nombres mágicos que decide el bosque…
la luna gitana que sonríe,
entre papelerías y palmeras,
a los bólidos de las 24 horas…
Manecillas de una nube,
perfumados jegloríficos
y etiquetas de la aurora boreal…
exprimiendo los paisajes del olivo,
al abrigo de los duendes café…
inacabados, nos desbordan…
con escamas que nos quedan de los sueños,
los mares que susurran al piano…
los barcos a coro del kiriko, que solo sabe decir Kiko.
Nuestros desembarcos
en los perfiles matemáticos de la metafísica,
con proyectiles de algodón…
pero dicen que es más dulce acampar,
y jugar por despiste…
Por nuestros ajedreces anudados,
atalayas que fingen,
en una ebullición de bullicios;
con los reinos de los ojos y un desenredo de amapolas, mi princesa…
las colonias de aves sentimentales,
que liberan la claridad de los espacios…
el ratoncillo hiperactivo
perdido en lo monumental…
los retoños de estilos del río negro,
los índices traviesos de sombras tan veloces;
todas las amigas con las buenas migas,
para esos pajarillos que se prometieron resistir alegres…
y los ciclos del color desencadenan…
la palabra hermana,
los afluentes de mi flor;
las veladuras del jolgorio
y un bostezo azul en una fuente de gaviotas…
Por las costuras de las calles, hasta la plaza,
donde la piel centellea entre la cerámica de las estrellas…
esos ferrocarriles que atraviesan las ventanas olvidadas,
con la balada que nos deja escarchas
en los puentes del mañana…
el relleno de palabras,
con los nombres mágicos que decide el bosque…
la luna gitana que sonríe,
entre papelerías y palmeras,
a los bólidos de las 24 horas…
Manecillas de una nube,
perfumados jegloríficos
y etiquetas de la aurora boreal…
exprimiendo los paisajes del olivo,
al abrigo de los duendes café…
inacabados, nos desbordan…
con escamas que nos quedan de los sueños,
los mares que susurran al piano…
los barcos a coro del kiriko, que solo sabe decir Kiko.
Nuestros desembarcos
en los perfiles matemáticos de la metafísica,
con proyectiles de algodón…
pero dicen que es más dulce acampar,
y jugar por despiste…
Por nuestros ajedreces anudados,
atalayas que fingen,
en una ebullición de bullicios;
con los reinos de los ojos y un desenredo de amapolas, mi princesa…
las colonias de aves sentimentales,
que liberan la claridad de los espacios…
el ratoncillo hiperactivo
perdido en lo monumental…
los retoños de estilos del río negro,
los índices traviesos de sombras tan veloces;
todas las amigas con las buenas migas,
para esos pajarillos que se prometieron resistir alegres…