Óscar Pérez
Poeta asiduo al portal
Palabras del camino
He cometido mil errores, lo confieso,
más no por confesarlo me arrepiento,
yo vine a amar, a amarte, a amarlo todo
y me encontré con mi dolor y mi egoísmo.
No quise ver que la semilla muere para hacerse un árbol,
que el río cae al mar para entender el infinito,
que nada es la verdad, sino lo que halles en tus ojos,
y en ellos el paisaje fue nublado por el miedo,
por lentos lagrimones de opresión y de costumbre,
por parpadear de sueños resignados a ser nada.
Por ser feliz no quise ser feliz contigo,
y escogí, mis hermanos, el rumbo que me dieron,
la lenta soledad de un día entre silencios,
cumpliendo como un puente mi rol en los que marchan.
Despierto, me sacudo, me extraño de mi mismo,
pero me acepto adentro, adentro de mi hazaña,
lo que yo he sido, fue; lo que seremos, venga,
no pido más que andar entre los hombres con un canto,
no pido más que hacer que comprender nuestra alegría.
Señores pordioseros que nos han supervisado,
sabios padres o maestros o dioses de leyenda,
jefes azules y tercos capitanes,
nos han puesto a los unos en contra de los otros,
hombres versus mujeres, Europas versus Áfricas,
y en la pequeña América de pueblos desolados,
al hombre contra el hombre en pro de no ser nadie.
Sobrevive dijeron, sé famoso, conquista,
aplasta a tu enemigo, que oyó también lo mismo
y no supo que hacer cuando se vio igual en tus manos,
ahorra, corre, deja atrás a los que sufren,
guarda la misericordia para el plato de la ofrenda,
defiende esas fronteras que no estaban, pero existen,
y cómete el dolor como a tu hermano cuando llama.
Unos usaron biblias, otros un talismán o un candelabro,
a todos los requiero, con todos yo me expando,
no quiero que ninguno quede fuera de la fiesta,
y es un baile al que vinimos, con el alma y con la sangre.
01 10 11
He cometido mil errores, lo confieso,
más no por confesarlo me arrepiento,
yo vine a amar, a amarte, a amarlo todo
y me encontré con mi dolor y mi egoísmo.
No quise ver que la semilla muere para hacerse un árbol,
que el río cae al mar para entender el infinito,
que nada es la verdad, sino lo que halles en tus ojos,
y en ellos el paisaje fue nublado por el miedo,
por lentos lagrimones de opresión y de costumbre,
por parpadear de sueños resignados a ser nada.
Por ser feliz no quise ser feliz contigo,
y escogí, mis hermanos, el rumbo que me dieron,
la lenta soledad de un día entre silencios,
cumpliendo como un puente mi rol en los que marchan.
Despierto, me sacudo, me extraño de mi mismo,
pero me acepto adentro, adentro de mi hazaña,
lo que yo he sido, fue; lo que seremos, venga,
no pido más que andar entre los hombres con un canto,
no pido más que hacer que comprender nuestra alegría.
Señores pordioseros que nos han supervisado,
sabios padres o maestros o dioses de leyenda,
jefes azules y tercos capitanes,
nos han puesto a los unos en contra de los otros,
hombres versus mujeres, Europas versus Áfricas,
y en la pequeña América de pueblos desolados,
al hombre contra el hombre en pro de no ser nadie.
Sobrevive dijeron, sé famoso, conquista,
aplasta a tu enemigo, que oyó también lo mismo
y no supo que hacer cuando se vio igual en tus manos,
ahorra, corre, deja atrás a los que sufren,
guarda la misericordia para el plato de la ofrenda,
defiende esas fronteras que no estaban, pero existen,
y cómete el dolor como a tu hermano cuando llama.
Unos usaron biblias, otros un talismán o un candelabro,
a todos los requiero, con todos yo me expando,
no quiero que ninguno quede fuera de la fiesta,
y es un baile al que vinimos, con el alma y con la sangre.
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