Palabras, que comenzaban por nuestra última cena;
que acaban encendiendo,
cerúleos y melodías,
tras los ventanales de escuela.
Palabras donde,
con dientes de topo,
buscamos una ración de raíces.
Palabras, que tejen tu tiempo, con hilos de brasa...
de trenzados trigales etéreos;
y estrellas rellenadas, de filosofías…
palabras donde ganaba el pan, al invierno…
a pulso, palabras de ventana, con un dolor de perlas…
herida que se refleja en la luna,
que conversa,
tras efluvios de pinar y lapicera;
con los semáforos de esqueletos,
y cada naufragio de madera…
con esos afanes,
por clavar a bolígrafo,
los sentimientos.
Palabras de ese filo,
que se rompe y reinventa;
gramáticas presas de una disección más grande,
de esos hierros que florecen a nuevos tiempos…
de una promesa que atrapa la ciudad.
Palabras de motines,
que no se sabe a dónde llegan;
que penetran por cada languidez, por el brillo espacio…
transparentando el norte.
Palabras donde,
otro lobo-hombre,
se cansó de querer a crédito…
palabras con las medidas,
de sombras peludas,
y goteras de deriva…
palabras donde,
el armazón de las plazas,
se llena de versos,
con los ecos de sus tacones.
Palabras que fueran hacia ella,
desbordadas y espumosas,
como el pecho.
Entre los naranjos melodramáticos,
y esas palabras de cartel despistado…
esas palabras, que heredaran sus labios.
que acaban encendiendo,
cerúleos y melodías,
tras los ventanales de escuela.
Palabras donde,
con dientes de topo,
buscamos una ración de raíces.
Palabras, que tejen tu tiempo, con hilos de brasa...
de trenzados trigales etéreos;
y estrellas rellenadas, de filosofías…
palabras donde ganaba el pan, al invierno…
a pulso, palabras de ventana, con un dolor de perlas…
herida que se refleja en la luna,
que conversa,
tras efluvios de pinar y lapicera;
con los semáforos de esqueletos,
y cada naufragio de madera…
con esos afanes,
por clavar a bolígrafo,
los sentimientos.
Palabras de ese filo,
que se rompe y reinventa;
gramáticas presas de una disección más grande,
de esos hierros que florecen a nuevos tiempos…
de una promesa que atrapa la ciudad.
Palabras de motines,
que no se sabe a dónde llegan;
que penetran por cada languidez, por el brillo espacio…
transparentando el norte.
Palabras donde,
otro lobo-hombre,
se cansó de querer a crédito…
palabras con las medidas,
de sombras peludas,
y goteras de deriva…
palabras donde,
el armazón de las plazas,
se llena de versos,
con los ecos de sus tacones.
Palabras que fueran hacia ella,
desbordadas y espumosas,
como el pecho.
Entre los naranjos melodramáticos,
y esas palabras de cartel despistado…
esas palabras, que heredaran sus labios.