Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Vaga la distancia,
en la que recorren mis latidos,
la imagen convertida en recuerdo,
de un amor... de una pasión,
Dejando a un lado las promesas,
vertiendo profundos miramientos,
para transformar mi tristeza en dicha,
con solo el toque de tu mano,
Anhelar esos instantes silentes,
con el grito de nuestros corazones,
que se llamen enamorados,
que se llamen entregados,
Conservando siempre,
la mirada clara,
con un beso puro,
que sea comunión sublime,
Suspirar entre tus brazos,
amarte en la calma del pasar,
desearte entre la brisa torrente,
con el más sensible sentimiento,
Amor... bendito... amor
llaméese el mismo con tu nombre,
si te llevo tatuada en mi cielo,
con ardientes letras en mi alma,
Que sirvan los Arcángeles de guardianes,
de las lágrimas vertidas,
en horas silenciosas al saberte triste,
para alegrarte con un roce de mis labios,
Risas melódicas entonadas por ti,
con espíritu de niña,
con la fuerza de una mujer amante,
¡Eso es lo que amo de ti!
¡La paz la dicha que te rodea!
Con amor bendito,
que vos multiplicas en distancias,
suspirando por mí...
Y aún en la oscuridad más profunda,
sea la brillante mirada vuestra,
que arranque los fantasmas del temor,
porque estoy enamorado...
De ti... de tu bendito amor,
¿Que importa lo que digan?
si mi vida depende de tu llamado,
si mi cordura reside en tu pecho...
(Suspiro)
Pocas palabras quedan,
que no hayan sido repetidas,
sin fin de veces para tratar,
humildemente... tontamente,
De decirte... Te amo...
Entre notas rotas,
Con las cuerdas de un violín,
O la gracia de un teclado,
Estrecho lo sublime y divino,
Que me nace de solo saberte aquí...
Sean mil noches o solo una,
Que será el momento divino,
Tocar tus labios perderme en tu piel...
Y decirte... Te Amo...
L.V.
en la que recorren mis latidos,
la imagen convertida en recuerdo,
de un amor... de una pasión,
Dejando a un lado las promesas,
vertiendo profundos miramientos,
para transformar mi tristeza en dicha,
con solo el toque de tu mano,
Anhelar esos instantes silentes,
con el grito de nuestros corazones,
que se llamen enamorados,
que se llamen entregados,
Conservando siempre,
la mirada clara,
con un beso puro,
que sea comunión sublime,
Suspirar entre tus brazos,
amarte en la calma del pasar,
desearte entre la brisa torrente,
con el más sensible sentimiento,
Amor... bendito... amor
llaméese el mismo con tu nombre,
si te llevo tatuada en mi cielo,
con ardientes letras en mi alma,
Que sirvan los Arcángeles de guardianes,
de las lágrimas vertidas,
en horas silenciosas al saberte triste,
para alegrarte con un roce de mis labios,
Risas melódicas entonadas por ti,
con espíritu de niña,
con la fuerza de una mujer amante,
¡Eso es lo que amo de ti!
¡La paz la dicha que te rodea!
Con amor bendito,
que vos multiplicas en distancias,
suspirando por mí...
Y aún en la oscuridad más profunda,
sea la brillante mirada vuestra,
que arranque los fantasmas del temor,
porque estoy enamorado...
De ti... de tu bendito amor,
¿Que importa lo que digan?
si mi vida depende de tu llamado,
si mi cordura reside en tu pecho...
(Suspiro)
Pocas palabras quedan,
que no hayan sido repetidas,
sin fin de veces para tratar,
humildemente... tontamente,
De decirte... Te amo...
Entre notas rotas,
Con las cuerdas de un violín,
O la gracia de un teclado,
Estrecho lo sublime y divino,
Que me nace de solo saberte aquí...
Sean mil noches o solo una,
Que será el momento divino,
Tocar tus labios perderme en tu piel...
Y decirte... Te Amo...
L.V.