El morador de la noche
Poeta recién llegado
Sólo la suave sensación de tus manos,
la tranquilidad de una mirada tuya,
un eterno segundo es lo que dura un abrazo.
Y cuando te recuerdo, amor, sonrío.
Niña, amada, cautivante blanco de mi alegría,
siempre sonriente, diciendo quedas palabras.
Dueña del atrdecer, reina de la noche,
corazón del océano, te amo.
Por la entrega de lo más preciado,
te acompaño, día con día, con la voluntad como escudo.
Por la pasión de verte feliz, doy un salto,
me interno en lo desconocido, y vislumbro algo nuevo.
Una sensación de morir, vivir, reír, llorar,
correr hasta que mis piernas se detengan.
Volar hasta dondé las fronteras no existan,
llegar a un lugar único, para hacerlo nuestro.
Mujer, sonriente diamante oculto en una caja de cristal,
tan frágil como el papiro a merced del agua,
pero tan resistente como las nevadas en invierno,
tan brillante como la luna en esas noches tranquilas.
Y grito, me acerco a la tranquilidad de un día
perdido en el bosque reflexionando.
Nado en aguas llevadas a los valles rebosantes
de flores coloridas, con un matiz de situaciones memorables.
Cerca del abismo en donde no haya más que el clamor
de las estrellas, pidiendoles que no me separen de tu alma.
Que no separen de ti, porque quiero acompañarte hasta que
la muerte, vestida de sueños, me cubra.
Amante sonriente de un atardecer hermoso,
que aunque hoy sea el último día de luz,
entrelazemos nuestros dedos, gozemos, comtemos historias.
Que por tí daré mi último suspiro, regalandote un beso.
Y deseoso por volverte a ver, escalaré una montaña,
me elevaré para poder admirarte con tu más hermoso vestido.
Y hallaré entre esas rosas llenas de vida, el dije que completará
el circulo de nuestro amor...
Mis lágrimas tejerán en versos de enseñanza
tu nombre y te protegerán...
Mis manos le robarán al sol calor, para no dejar
que tu corazón sufra, cada vez que algo te suceda...
Amor... disfruta ésta noche,
te la dedico... Sólo a ti...
la tranquilidad de una mirada tuya,
un eterno segundo es lo que dura un abrazo.
Y cuando te recuerdo, amor, sonrío.
Niña, amada, cautivante blanco de mi alegría,
siempre sonriente, diciendo quedas palabras.
Dueña del atrdecer, reina de la noche,
corazón del océano, te amo.
Por la entrega de lo más preciado,
te acompaño, día con día, con la voluntad como escudo.
Por la pasión de verte feliz, doy un salto,
me interno en lo desconocido, y vislumbro algo nuevo.
Una sensación de morir, vivir, reír, llorar,
correr hasta que mis piernas se detengan.
Volar hasta dondé las fronteras no existan,
llegar a un lugar único, para hacerlo nuestro.
Mujer, sonriente diamante oculto en una caja de cristal,
tan frágil como el papiro a merced del agua,
pero tan resistente como las nevadas en invierno,
tan brillante como la luna en esas noches tranquilas.
Y grito, me acerco a la tranquilidad de un día
perdido en el bosque reflexionando.
Nado en aguas llevadas a los valles rebosantes
de flores coloridas, con un matiz de situaciones memorables.
Cerca del abismo en donde no haya más que el clamor
de las estrellas, pidiendoles que no me separen de tu alma.
Que no separen de ti, porque quiero acompañarte hasta que
la muerte, vestida de sueños, me cubra.
Amante sonriente de un atardecer hermoso,
que aunque hoy sea el último día de luz,
entrelazemos nuestros dedos, gozemos, comtemos historias.
Que por tí daré mi último suspiro, regalandote un beso.
Y deseoso por volverte a ver, escalaré una montaña,
me elevaré para poder admirarte con tu más hermoso vestido.
Y hallaré entre esas rosas llenas de vida, el dije que completará
el circulo de nuestro amor...
Mis lágrimas tejerán en versos de enseñanza
tu nombre y te protegerán...
Mis manos le robarán al sol calor, para no dejar
que tu corazón sufra, cada vez que algo te suceda...
Amor... disfruta ésta noche,
te la dedico... Sólo a ti...
Armando Madrid Arce