Estefanía André Feijoó
Poeta recién llegado
Fuimos incapaces de perdernos y alejarnos,
y tiramos de la cuerda cada noche,
cara a cara, espalda contra espalda
para de nuevo reencontrarnos,
y de mientras la luna nos observa con sus ojos de brújula,
guiando a las estrellas, siguiendo el rumbo de tu barco de vela.
Y yo, que sin miedo al extravío, continúo vagando en este mar
de recuerdos, desterrando agua contaminada para dejarte hueco.
Fuimos incapaces de no volvernos poesía,
y nos hicimos palabras,
pues los versos no mueren evaporándose en el tiempo.
El tiempo que con miedo a detenerse presagia nuestro abrazo,
temiendo volverse hielo al cálido contacto de tus manos,
y de nuevo derretirse lentamente al alejarnos,
viendo tu estela alejarse en carretera.
Fuimos incapaces de no regalarnos alas,
de no aprender a volar arrojándonos al vacío,
de no susurrarnos lo que somos al oído:
palabras.
Palabras que me ofrece tu mirada en la distancia,
disfrazadas del roce de tus labios en mi piel,
de tu aliento deslizándose entre mis dedos,
de caricias de madrugada, danzando sobre mi alma,
de pájaro azul posándose en mi ventana.
Palabras que vestidas de amantes de invierno,
dejan fluir primavera a sus pasos.
Fuimos incapaces de tantas cosas,
y capaces de tantas otras
Tu, de hacerme sentir sonrisa,
de enseñarme a contemplarme,
de perder el miedo a ser alguien.
Y yo, de respirarte, de pensarte,
de volverme nómada, verso errante,
que no se cansa de buscarte en mis palabras
y de nuevo encontrarme en las tuyas.
Estefanía André Feijoó.
y tiramos de la cuerda cada noche,
cara a cara, espalda contra espalda
para de nuevo reencontrarnos,
y de mientras la luna nos observa con sus ojos de brújula,
guiando a las estrellas, siguiendo el rumbo de tu barco de vela.
Y yo, que sin miedo al extravío, continúo vagando en este mar
de recuerdos, desterrando agua contaminada para dejarte hueco.
Fuimos incapaces de no volvernos poesía,
y nos hicimos palabras,
pues los versos no mueren evaporándose en el tiempo.
El tiempo que con miedo a detenerse presagia nuestro abrazo,
temiendo volverse hielo al cálido contacto de tus manos,
y de nuevo derretirse lentamente al alejarnos,
viendo tu estela alejarse en carretera.
Fuimos incapaces de no regalarnos alas,
de no aprender a volar arrojándonos al vacío,
de no susurrarnos lo que somos al oído:
palabras.
Palabras que me ofrece tu mirada en la distancia,
disfrazadas del roce de tus labios en mi piel,
de tu aliento deslizándose entre mis dedos,
de caricias de madrugada, danzando sobre mi alma,
de pájaro azul posándose en mi ventana.
Palabras que vestidas de amantes de invierno,
dejan fluir primavera a sus pasos.
Fuimos incapaces de tantas cosas,
y capaces de tantas otras
Tu, de hacerme sentir sonrisa,
de enseñarme a contemplarme,
de perder el miedo a ser alguien.
Y yo, de respirarte, de pensarte,
de volverme nómada, verso errante,
que no se cansa de buscarte en mis palabras
y de nuevo encontrarme en las tuyas.
Estefanía André Feijoó.