Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Palidez de girasol
Tu, mi aguamarina, con tu cabello encapotas
mi silencio de falange, que de allende de la montaña
cae bermejo como con rubor de sombra
de pájaro arlequín.
En la hondura de tu palidez de girasol,
me pesan tanto, tanto me pesan mis pestañas eléctricas...
Es que tus pétalos son jaras
y yo hace mucho que olvide como abrir los ojos,
para verte estoica y azotar tu cuerpo fulgurante
en contra de una lluvia de luceros.
Los astros, los astros son tan altos y tan altos
que son hidalgos sueños temblando a la deriva
del viento y de tus labios cristalinos...
Tus labios que son gaviotas persiguiendo
de la playa el beso banal y escuálido.
En esa barcarola va mi alma caliza
con la defoliación rozagante de un aquí azaroso,
es que me gustas así, como cuando con tu cabello
me vuelves calabozo y me amartelo
en tu piel satinada, por el faro de cuarzo.
Dedicado a mi esposa.
Tu, mi aguamarina, con tu cabello encapotas
mi silencio de falange, que de allende de la montaña
cae bermejo como con rubor de sombra
de pájaro arlequín.
En la hondura de tu palidez de girasol,
me pesan tanto, tanto me pesan mis pestañas eléctricas...
Es que tus pétalos son jaras
y yo hace mucho que olvide como abrir los ojos,
para verte estoica y azotar tu cuerpo fulgurante
en contra de una lluvia de luceros.
Los astros, los astros son tan altos y tan altos
que son hidalgos sueños temblando a la deriva
del viento y de tus labios cristalinos...
Tus labios que son gaviotas persiguiendo
de la playa el beso banal y escuálido.
En esa barcarola va mi alma caliza
con la defoliación rozagante de un aquí azaroso,
es que me gustas así, como cuando con tu cabello
me vuelves calabozo y me amartelo
en tu piel satinada, por el faro de cuarzo.
Dedicado a mi esposa.