Évano
Libre, sin dioses.
Las dos sesiones de domingos
y en las manos, palomitas
mientras éramos película.
Y quizás repetir la primera,
si la noche era verano.
Luego el caminar los precipicios
de las madrugadas de los lunes.
Formaban soldaditos enanos
para las guerras de satanes.
Y creíamos ser los héroes
con palomitas y domingos.
Ciegos de un valle donde
millones de rocas caían
sobre sueños de niños de arcilla.
Pronto, el estar en los pasos
que veíamos tras cristales de un cine
donde éramos tarde, domingo
y palomitas en las manos.
Por cada año una hora
y en una hora cada año;
y en los segundos, cuchillos volando
hacia los sueños de soldaditos,
de soldaditos enanos.
Esos sueldos no los pagaron.
y en las manos, palomitas
mientras éramos película.
Y quizás repetir la primera,
si la noche era verano.
Luego el caminar los precipicios
de las madrugadas de los lunes.
Formaban soldaditos enanos
para las guerras de satanes.
Y creíamos ser los héroes
con palomitas y domingos.
Ciegos de un valle donde
millones de rocas caían
sobre sueños de niños de arcilla.
Pronto, el estar en los pasos
que veíamos tras cristales de un cine
donde éramos tarde, domingo
y palomitas en las manos.
Por cada año una hora
y en una hora cada año;
y en los segundos, cuchillos volando
hacia los sueños de soldaditos,
de soldaditos enanos.
Esos sueldos no los pagaron.