Sara Guerrero
Poeta recién llegado
Palpito
Estaba dormido,
durante el frío de la ausencia,
esa ausencia que bien sabemos
es de todos alguna vez.
Y lloraba, la , su presencia
el viento,
sabiendome herida
y poco respirante
por el.
Pasaron,
auguriados,
días de veneno,
que hervían en mi sangre con frío,
con el ardid de un amor inconcluso.
Vibro,
quizás confuso,
o cada latido se hacía más debil,
o más robusto;
y solemne,
calló,
mi gallardo
y enamorado,
corazón.
Y sólo se oyó
un suspiro y un golpe,
de tristeza,
que me embargaba,
no quise saber nada
ni que lo provocaba;
mas le clamó
para que no me olvide
quién soy,
ni porque respiro.
durante el frío de la ausencia,
esa ausencia que bien sabemos
es de todos alguna vez.
Y lloraba, la , su presencia
el viento,
sabiendome herida
y poco respirante
por el.
Pasaron,
auguriados,
días de veneno,
que hervían en mi sangre con frío,
con el ardid de un amor inconcluso.
Vibro,
quizás confuso,
o cada latido se hacía más debil,
o más robusto;
y solemne,
calló,
mi gallardo
y enamorado,
corazón.
Y sólo se oyó
un suspiro y un golpe,
de tristeza,
que me embargaba,
no quise saber nada
ni que lo provocaba;
mas le clamó
para que no me olvide
quién soy,
ni porque respiro.
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