kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
Amiga, gracias por estar,
por tu ternura
y por comprender, siempre, sin preguntar.
PÁNICO Y SERENATA
A veces me desvela
la brisa poderosa de la noche
—urdimbre de silencios
en el telar del miedo—
contemplo cómo el techo
se me cuartea y sale proyectado
hacia la ignota gravedad del cosmos.
El punto de su fuga succiona
el papel de cebolla que empaqueta
el metálico aliento de mi ser.
Entonces, gira el cuarto lentamente
hasta postrarme frente al vientre azul.
(El vientre que al igual que nos parió
la muerte nos dará naturalmente.
Y es que no somos NADA
frente al azul abismo
de nuestra pasajera in-existencia).
Y una vez suspendido,
y entregado a lo inmenso,
el olmo de mi pecho
se comprime en la esfera de su puño.
El espacio se achica,
¡¡ya el espacio no es nada!!, y pesa tanto...
El pánico se expande sin control
dando un golpe de estado
en el centro severo de mi nuez.
¡La mente se revela!
y me asfixio sumido en el sarcasmo
de un universo a mi in-disposición.
Mente demente de mi propia mente
...que implacable me mata vez tras vez.
A veces, solo a veces,
afloja la coyunda de mi cuello
el canto de sirena de mi ángel,
que en sus sueños presencia
—ausente—, las cenizas
que prodiga la mente de su padre.
La demencial catarsis cede, entonces,
ante la paz sistólica del hijo.
—Y es que la vida es implacablemente
inmanente a la esencia vulnerable
de quien se siente padre—.
Y resucito entrelazado al duende
que me garabatea con suspiros
los caminos recónditos que llevan
a la médula exacta de mi paz.
Y entonces, solo entonces,
me sujeto a la vida como nunca,
con la felicidad incontestable
del alma que se siente... renacida.
Kalkbadan
Madrid, 8 de marzo de 2016
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