Alberto Niño Martínez
Poeta adicto al portal
Sufrí desengaños
al ver que mi padre
un hombre,
solo un hombre,
uno más fue.
Aún con todo,
te recuerdo hoy,
y en estas líneas estás,
recuerdo el día que tu luz se apagó,
también el noble oficio,
que tu existencia ocupó.
Cómo olvidar las soleadas mañanas,
esas de domingo, que al alba despertaban
con ruidosa armonía,
la junta del bostezo de tu viejo acordeón,
y la batutada agitada del vinilo en Orfeón.
Hoy te recuerdo tras cruzar,
los lejanos tiempos de mocedad,
que agitaron tus consejos,
esos que no entendí y,
que como desengaño los así.
Ahora siento tu mano,
que abraza mi añeja inocencia,
esa que evoca las primeras ideas,
las mismas que cegaron mi sentido,
y albergaron tiempos buenos y bien vividos.
Te dejo, pues me voy,
a soñar el tiempo corrido,
así te quedas en mi poema
y en un lugar de tu tierra
el desengaño sufrido.
al ver que mi padre
un hombre,
solo un hombre,
uno más fue.
Aún con todo,
te recuerdo hoy,
y en estas líneas estás,
recuerdo el día que tu luz se apagó,
también el noble oficio,
que tu existencia ocupó.
Cómo olvidar las soleadas mañanas,
esas de domingo, que al alba despertaban
con ruidosa armonía,
la junta del bostezo de tu viejo acordeón,
y la batutada agitada del vinilo en Orfeón.
Hoy te recuerdo tras cruzar,
los lejanos tiempos de mocedad,
que agitaron tus consejos,
esos que no entendí y,
que como desengaño los así.
Ahora siento tu mano,
que abraza mi añeja inocencia,
esa que evoca las primeras ideas,
las mismas que cegaron mi sentido,
y albergaron tiempos buenos y bien vividos.
Te dejo, pues me voy,
a soñar el tiempo corrido,
así te quedas en mi poema
y en un lugar de tu tierra
el desengaño sufrido.
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