Paseando en la selva aglomerada
los dioses se asombraron de un lugar,
encuentra un paraíso su mirada
arrullado por ríos al cantar.
Igual al del Edén que se perdiera,
esos ríos lo abrazan como flor
las deidades lo escogen como vera
para darlo a sus hijos con amor.
Los hijos lo reciben encantados,
Totonacos venidos del dios fuego,
solo algunos se quedan asentados
y otros van al Tajín a hacer un ruego.
Sembrada entre la selva tu naciste,
fundada por las etnias Tuzapán,
el nombre de Papantla recibiste
al hacerte de pájaros guardián.
Y tus hijos al verlos... se animaron,
concibiendo la maña de “flotar”,
se hicieron de un palo alto al que se ataron
lanzándose al vacío a planear.
Ese día fue fiesta y celebraron,
surgió el penacho usado hoy en su ajuar,
se adoptó el "tamborcillo" que sentaron
en la punta del palo a repicar.
Felipe de Jesús Legorreta Levy.
Copyright INDAUTOR México.
los dioses se asombraron de un lugar,
encuentra un paraíso su mirada
arrullado por ríos al cantar.
Igual al del Edén que se perdiera,
esos ríos lo abrazan como flor
las deidades lo escogen como vera
para darlo a sus hijos con amor.
Los hijos lo reciben encantados,
Totonacos venidos del dios fuego,
solo algunos se quedan asentados
y otros van al Tajín a hacer un ruego.
Sembrada entre la selva tu naciste,
fundada por las etnias Tuzapán,
el nombre de Papantla recibiste
al hacerte de pájaros guardián.
Y tus hijos al verlos... se animaron,
concibiendo la maña de “flotar”,
se hicieron de un palo alto al que se ataron
lanzándose al vacío a planear.
Ese día fue fiesta y celebraron,
surgió el penacho usado hoy en su ajuar,
se adoptó el "tamborcillo" que sentaron
en la punta del palo a repicar.
Felipe de Jesús Legorreta Levy.
Copyright INDAUTOR México.