Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Papito lindo, mi mejor amigo,
mi gran amor, mi sin igual refugio,
mi infatigable buscador de sueños...
luz de mi alma...
Hay una hermosa sinfonía en viejos
ecos de verde ensoñación que en alas
de la mañana al corazón le inspira
flor de quimeras...
Ven a la luz de tan hermoso día,
y por piedad, descansa aquí soldado.
Mira que el cielo en su esplendor te entrega,
don de promesas.
Hace ya mucho que no hablamos, papi,
de mil las cosas que tu mano inquieta,
fuerte y callosa, trajo de otras cunas...
mundos inciertos.
Lo se mi amor...que un hado, triste nuncio,
ya sin hablar, borró tu nombre al cierzo
del corazón de los que tanto amaste...
cuanto me duele;
que te han dejado en soledad la pena,
que espera así sin esperar al alba
de algún te quiero que el dolor se lleve...
ay de mi viejo;
que ya la hierba seca cubre el mármol
que atesora los honores ciertos
que el uniforme militar otorga,
glorias pasadas...
Aquí te llega, mi Hector Luís Ramirez,
la que jamás te olvidara en la vida,
herida en llantos y de historias largas
tras de tu huella...
Mira mis manos como lavan viejas
todas las letras de tu nombre hermoso
que en el vals de lágrimas, dolido el verso,
honra tu casa.
Siente ya el rezo que tu paz suplica,
que al fin acércate al umbral el alma,
que mas allá nuestro señor te espera,
padre adorado.
Vete tranquilo mi viejito lindo,
que no te aqueje más la estéril tierra;
que en victoria vistas la franca espada
Ángel amado...
Vuela al descanso y ya no sufras pena,
que el corazón de un hijo, padre mío,
no olvida cuando con amor le forjan
lindas estrellas.
Cruza papito, deja atrás la guerra,
que no te olvido, que te quiero tanto,
que contra el mundo reinará tu alma,
cántico mío...
mi gran amor, mi sin igual refugio,
mi infatigable buscador de sueños...
luz de mi alma...
Hay una hermosa sinfonía en viejos
ecos de verde ensoñación que en alas
de la mañana al corazón le inspira
flor de quimeras...
Ven a la luz de tan hermoso día,
y por piedad, descansa aquí soldado.
Mira que el cielo en su esplendor te entrega,
don de promesas.
Hace ya mucho que no hablamos, papi,
de mil las cosas que tu mano inquieta,
fuerte y callosa, trajo de otras cunas...
mundos inciertos.
Lo se mi amor...que un hado, triste nuncio,
ya sin hablar, borró tu nombre al cierzo
del corazón de los que tanto amaste...
cuanto me duele;
que te han dejado en soledad la pena,
que espera así sin esperar al alba
de algún te quiero que el dolor se lleve...
ay de mi viejo;
que ya la hierba seca cubre el mármol
que atesora los honores ciertos
que el uniforme militar otorga,
glorias pasadas...
Aquí te llega, mi Hector Luís Ramirez,
la que jamás te olvidara en la vida,
herida en llantos y de historias largas
tras de tu huella...
Mira mis manos como lavan viejas
todas las letras de tu nombre hermoso
que en el vals de lágrimas, dolido el verso,
honra tu casa.
Siente ya el rezo que tu paz suplica,
que al fin acércate al umbral el alma,
que mas allá nuestro señor te espera,
padre adorado.
Vete tranquilo mi viejito lindo,
que no te aqueje más la estéril tierra;
que en victoria vistas la franca espada
Ángel amado...
Vuela al descanso y ya no sufras pena,
que el corazón de un hijo, padre mío,
no olvida cuando con amor le forjan
lindas estrellas.
Cruza papito, deja atrás la guerra,
que no te olvido, que te quiero tanto,
que contra el mundo reinará tu alma,
cántico mío...
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