wolfgan_daniel
Poeta recién llegado
Para algún o alguna leguleya (o)
Antes, debo decir que este poema llego a mis manos de un profesor de derecho procesal, él cual tampoco reconoce autoría alguna sobre el escrito, y afirmaba haberlo recibido de igual forma a la que él me lo entregaba. Si lo posteo es porque me parece muy trabajo y bien hecho, lo pícaro del mismo me gusta y el hecho de su casi anonimato bueno sin extenderme más se los presento:
Oda jurídica a la mujer:
I
Quiérote demostrar en estos versos
Las enseñanzas en las aulas aprendidas,
De Papiniano, Gayo y Las Partidas
En un cheque endosado en el anverso.
II
El anatocismo de tu amor me intriga.
Un embargo mi corazón ha decretado.
Y aunque hago mi crédito exigible
Tú siempre me respondes. ¡Me es inoponible!
III
Amor que tú crees putativo
Siempre me lo tachas de aparente.
Sin saber que es real como el dominio,
Con su acción persecutoria tan frecuente.
IV
Al contemplar tus ojos posesorios
La querella de amparo te defiende.
Yo te doy un plazo perentorio,
Para que opongas la excepción que tú pretendes.
V
Sé que tu busto no es fungible,
No hay simulación en tu figura;
Toda ella es un encanto irresistible,
Un delito consumado de hermosura.
VI
Yo sé que tú eres de Carne-lutti y hueso.
Que estás hecha de sangre, fuego y de pasión;
Que te alimentas de pan, vino y queso,
Como lo hicieran, Contreras y otros, en prisión.
VII
No me vengas con reenvíos de primera.
Aunque murmure toda la gente,
Yo no acepto la ley extranjera:
Prefiero el conflicto coincidente.
VIII
Mi voluntad opera libremente;
Ni aún con nulidad se ataca,
Pues todo se arregla fácilmente,
Girando una letra de resaca.
IX
Tu andar silencioso me pone en interdicto,
Como la mujer a su marido licencioso.
Esto ocurre desde tiempos del edicto,
Que condenó al poseedor vicioso.
X
Vana pretensión del querer legal
Que el abuso del derecho justifica.
Despójate de la "prenda general"
Y de una vez el crédito se verifica.
XI
De ti me basta el usufructo.
Te aceptaría en "prenda pretoria".
Sé que me darías mucho gusto.
De la litis sería la victoria.
XII
El riesgo del seguro, yo lo pago.
Sea a la vela o al remo el fletamento.
No te ampares en ningún impedimento,
Que yo sin concubina naufrago.
XIII
"Non bis in idem" dice un adagio muy bien hecho.
Sé que el amor es corto y, por lo tanto, es bueno.
Y si has cedido irrevocablemente tus derechos,
¿Entonces? Quien puede lo más, puede lo menos.
XIV
No me digas que eres una mina reservada.
Yo también reclamo pertenencia.
Y una vez la mensura ya aprobada.
Esperemos las fatales consecuencias.
XV
Si nuestro amor se va a la quiebra,
Allá el querer, allá el derecho.
Seguiremos cada uno nuestra senda
Y a lo hecho... ¡pecho!
Para terminar, si hay problemas por el lenguaje, me placeré de acarar.
Antes, debo decir que este poema llego a mis manos de un profesor de derecho procesal, él cual tampoco reconoce autoría alguna sobre el escrito, y afirmaba haberlo recibido de igual forma a la que él me lo entregaba. Si lo posteo es porque me parece muy trabajo y bien hecho, lo pícaro del mismo me gusta y el hecho de su casi anonimato bueno sin extenderme más se los presento:
Oda jurídica a la mujer:
I
Quiérote demostrar en estos versos
Las enseñanzas en las aulas aprendidas,
De Papiniano, Gayo y Las Partidas
En un cheque endosado en el anverso.
II
El anatocismo de tu amor me intriga.
Un embargo mi corazón ha decretado.
Y aunque hago mi crédito exigible
Tú siempre me respondes. ¡Me es inoponible!
III
Amor que tú crees putativo
Siempre me lo tachas de aparente.
Sin saber que es real como el dominio,
Con su acción persecutoria tan frecuente.
IV
Al contemplar tus ojos posesorios
La querella de amparo te defiende.
Yo te doy un plazo perentorio,
Para que opongas la excepción que tú pretendes.
V
Sé que tu busto no es fungible,
No hay simulación en tu figura;
Toda ella es un encanto irresistible,
Un delito consumado de hermosura.
VI
Yo sé que tú eres de Carne-lutti y hueso.
Que estás hecha de sangre, fuego y de pasión;
Que te alimentas de pan, vino y queso,
Como lo hicieran, Contreras y otros, en prisión.
VII
No me vengas con reenvíos de primera.
Aunque murmure toda la gente,
Yo no acepto la ley extranjera:
Prefiero el conflicto coincidente.
VIII
Mi voluntad opera libremente;
Ni aún con nulidad se ataca,
Pues todo se arregla fácilmente,
Girando una letra de resaca.
IX
Tu andar silencioso me pone en interdicto,
Como la mujer a su marido licencioso.
Esto ocurre desde tiempos del edicto,
Que condenó al poseedor vicioso.
X
Vana pretensión del querer legal
Que el abuso del derecho justifica.
Despójate de la "prenda general"
Y de una vez el crédito se verifica.
XI
De ti me basta el usufructo.
Te aceptaría en "prenda pretoria".
Sé que me darías mucho gusto.
De la litis sería la victoria.
XII
El riesgo del seguro, yo lo pago.
Sea a la vela o al remo el fletamento.
No te ampares en ningún impedimento,
Que yo sin concubina naufrago.
XIII
"Non bis in idem" dice un adagio muy bien hecho.
Sé que el amor es corto y, por lo tanto, es bueno.
Y si has cedido irrevocablemente tus derechos,
¿Entonces? Quien puede lo más, puede lo menos.
XIV
No me digas que eres una mina reservada.
Yo también reclamo pertenencia.
Y una vez la mensura ya aprobada.
Esperemos las fatales consecuencias.
XV
Si nuestro amor se va a la quiebra,
Allá el querer, allá el derecho.
Seguiremos cada uno nuestra senda
Y a lo hecho... ¡pecho!
Para terminar, si hay problemas por el lenguaje, me placeré de acarar.