christian macias
Poeta recién llegado
Mujeres, ustedes, la maravilla,
Música celeste al mirar sus mejillas,
Ni el alba tan grandioso
Como ustedes, nada, ustedes el mundo.
La brisa de la fantasía, sus ojos,
Las flores creciendo al compás de sus miradas,
Grandiosa la cima de su montaña.
La felicidad transoformada en su sonrisa,
Cada palabra, cada caricia es la vida,
Es la maravilla de encontrarlas en cada avenida.
Mi pasión, poesía de amor,
Mujeres, musas de mi inspiración
La agilidad con la que escribo,
Se las debo a ustedes, mujeres,
Es tan impactante cada que las miro,
Cada que mis ojos se iluminan con sus suspiros,
Sus placeres, siempre concedidos,
Ante ustedes, me arrodillo.
Naturales y perfectas, sólo ustedes y la vida,
Una gesta de armonía sus alegrías.
A su lado, nada fatídico lo que pronostico,
La suavidad del viento, el sentir de sus labios.
Todo hermosura, Sin amargura,
Solo pasión reunida en su dulzura.
Ardor de saber que las dañan,
Desgraciada aquella persona atrevida.
La tranquilidad esta en su cantar,
Las espinas de su vejez yo las vería como maravilla,
Cada año en ustedes, más sabiduria,
Fragmentos de sensaciones inexplicables,
Su preciosura, inaclanzable.
Música celeste al mirar sus mejillas,
Ni el alba tan grandioso
Como ustedes, nada, ustedes el mundo.
La brisa de la fantasía, sus ojos,
Las flores creciendo al compás de sus miradas,
Grandiosa la cima de su montaña.
La felicidad transoformada en su sonrisa,
Cada palabra, cada caricia es la vida,
Es la maravilla de encontrarlas en cada avenida.
Mi pasión, poesía de amor,
Mujeres, musas de mi inspiración
La agilidad con la que escribo,
Se las debo a ustedes, mujeres,
Es tan impactante cada que las miro,
Cada que mis ojos se iluminan con sus suspiros,
Sus placeres, siempre concedidos,
Ante ustedes, me arrodillo.
Naturales y perfectas, sólo ustedes y la vida,
Una gesta de armonía sus alegrías.
A su lado, nada fatídico lo que pronostico,
La suavidad del viento, el sentir de sus labios.
Todo hermosura, Sin amargura,
Solo pasión reunida en su dulzura.
Ardor de saber que las dañan,
Desgraciada aquella persona atrevida.
La tranquilidad esta en su cantar,
Las espinas de su vejez yo las vería como maravilla,
Cada año en ustedes, más sabiduria,
Fragmentos de sensaciones inexplicables,
Su preciosura, inaclanzable.