frankaussill
Poeta adicto al portal
Padre, tu que en incansables días,
me enseñaste la paciencia del amor
y en los suspiros que enjugaban tu sudor
me alimentaste de coraje y alegrías.
Tú quien jamás ha desmayado en su labor
de compañero, amigo, ayudante y jefe,
no desvanezcas aun, pese a tu paso tan breve,
aunque tu sueño no diluya tu recóndito dolor.
Hoy soy quien te canta a orilla de mis suspiros,
soy quien dibuja para ti un amanecer dorado,
congregado en mi sangre y en cada latido.
Padre de mis días tristes y mis días amados,
el que vertió en el suelo y en el cielo sus suspiros,
para darnos a sus hijos su corazón tan preciado.
me enseñaste la paciencia del amor
y en los suspiros que enjugaban tu sudor
me alimentaste de coraje y alegrías.
Tú quien jamás ha desmayado en su labor
de compañero, amigo, ayudante y jefe,
no desvanezcas aun, pese a tu paso tan breve,
aunque tu sueño no diluya tu recóndito dolor.
Hoy soy quien te canta a orilla de mis suspiros,
soy quien dibuja para ti un amanecer dorado,
congregado en mi sangre y en cada latido.
Padre de mis días tristes y mis días amados,
el que vertió en el suelo y en el cielo sus suspiros,
para darnos a sus hijos su corazón tan preciado.
Última edición: