Tamar
Poeta adicto al portal
Para no olvidar
El viento no me empuja lo suficientemente lejos,
no nos alcanzó la nostalgia para volver a bailar en tu mirada.
Es que tenía que ser una historia triste, de presos,
querías un final con tu par de jugadas.
Era una historia para aguantar hasta la madrugada,
para llorar con las canciones de ese baile,
para cerrar el libro con rabia,
para volverse historia de cobardes.
Sin nada que podamos hacer.
Era una historia para no olvidar,
o bueno, quizás sí un par de detalles,
era una historia para romper páginas,
y pegar madera en las ventanas,
porque la luz molesta.
Era una historia para sorprender tras el telón.
Es que nunca salíamos,
pocas veces fuimos dos.
Era una historia para subir y subir,
volando y tambaleando por los años,
una historia para empañar los cristales,
romperlos, y llorar luego con cada pedazo.
Caímos.
Era una historia para no levantarse,
para quedarse abajo, leyéndola;
porque hay lágrimas que no llegan,
pero sí cristales que las reflejan.
El viento no me empuja lo suficientemente lejos,
no nos alcanzó la nostalgia para volver a bailar en tu mirada.
Es que tenía que ser una historia triste, de presos,
querías un final con tu par de jugadas.
Era una historia para aguantar hasta la madrugada,
para llorar con las canciones de ese baile,
para cerrar el libro con rabia,
para volverse historia de cobardes.
Sin nada que podamos hacer.
Era una historia para no olvidar,
o bueno, quizás sí un par de detalles,
era una historia para romper páginas,
y pegar madera en las ventanas,
porque la luz molesta.
Era una historia para sorprender tras el telón.
Es que nunca salíamos,
pocas veces fuimos dos.
Era una historia para subir y subir,
volando y tambaleando por los años,
una historia para empañar los cristales,
romperlos, y llorar luego con cada pedazo.
Caímos.
Era una historia para no levantarse,
para quedarse abajo, leyéndola;
porque hay lágrimas que no llegan,
pero sí cristales que las reflejan.
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