Lales
Poeta recién llegado
Me propuse, desgarrar y abrirme el pecho,
salir en volandas a la luz brillante de la estrellas,
gritarles mi nombre,
posarme ante ellas,
como sincera pluma que cae
sin aire que pudiera,
desviarme ante la nada
a una oscuridad perfecta.
Me propuse por una vez, no ser la mas bella en tu recuerdo,
no ser montaña en sol de esfera,
ni ser la flor que ansía
crecer ante la hierba.
No quise ni quiero ser ya la triste vereda
que juega con las vidas,
y aunque ahora más me duela
abriré mi alma a la noche,
la noche de las estrellas.
¿Cuanto puede sufrir un muerto que tristeza no le queda?
¿Cuanto puedo sufrir lo que de vida me resta?
Cuanta valía me queda
si perdí el amor de amada
sin poder luchar por ella.
El dolor del llanto abruma mis ojos de ciega,
me repetí una y mil veces,
me hice amiga de la torpeza
enjugando así las lágrimas,
que en sudor me pesan...
Como, ¿Como puedo llorar de esta manera?
Como me duele mentirle al olvido,
olvidar el dolor en tragos de agua,
creyendo que son de un vino
que me mira en espanto.
Traspasaste todo lo que podía aguantarme,
brotaba en el aire maduras princesas,
los colores no eran mezcla de primarios,
se hacían llamar de un color inexacto,
una nueva tonalidad de brillantes esmeraldados.
Y todo se hizo ocre, azul, dorado!
nada existía, nada!
Solo tú caminando para yo hacerme tuya,
en suspiros con presencia pura,
en sueños más allá de los sueños,
en arte más allá de tus manos, de mis manos,
de todo aquello que hasta un dios carece
en un color inexacto.
Como me mata la línea del futuro y del presente
cuando siempre son pasado,
mas esta noche no entiende
las estrellas no lo entienden
mañana, volveré a intentarlo.
salir en volandas a la luz brillante de la estrellas,
gritarles mi nombre,
posarme ante ellas,
como sincera pluma que cae
sin aire que pudiera,
desviarme ante la nada
a una oscuridad perfecta.
Me propuse por una vez, no ser la mas bella en tu recuerdo,
no ser montaña en sol de esfera,
ni ser la flor que ansía
crecer ante la hierba.
No quise ni quiero ser ya la triste vereda
que juega con las vidas,
y aunque ahora más me duela
abriré mi alma a la noche,
la noche de las estrellas.
¿Cuanto puede sufrir un muerto que tristeza no le queda?
¿Cuanto puedo sufrir lo que de vida me resta?
Cuanta valía me queda
si perdí el amor de amada
sin poder luchar por ella.
El dolor del llanto abruma mis ojos de ciega,
me repetí una y mil veces,
me hice amiga de la torpeza
enjugando así las lágrimas,
que en sudor me pesan...
Como, ¿Como puedo llorar de esta manera?
Como me duele mentirle al olvido,
olvidar el dolor en tragos de agua,
creyendo que son de un vino
que me mira en espanto.
Traspasaste todo lo que podía aguantarme,
brotaba en el aire maduras princesas,
los colores no eran mezcla de primarios,
se hacían llamar de un color inexacto,
una nueva tonalidad de brillantes esmeraldados.
Y todo se hizo ocre, azul, dorado!
nada existía, nada!
Solo tú caminando para yo hacerme tuya,
en suspiros con presencia pura,
en sueños más allá de los sueños,
en arte más allá de tus manos, de mis manos,
de todo aquello que hasta un dios carece
en un color inexacto.
Como me mata la línea del futuro y del presente
cuando siempre son pasado,
mas esta noche no entiende
las estrellas no lo entienden
mañana, volveré a intentarlo.
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