Unas cuantas prosas te dedico
para intentar quitarte de a poco, la ropa;
es que simplemente quiero,
que te pierdas manso,
en los anaqueles de mi popa,
y llevarte, pues, a buen puerto;
deseo desabotonarte lentamente
los botones de tu chomba
amainarte sobre tu piel
un millón de historias inconclusas
llenas de pasión y locura;
deseo quizás impropiamente
bajarte hasta el tope
el cierre misterioso de tus pantalones
mientras tus piernas bailan
en el medio de las mías,
llenas de extrema incertidumbre;
deseo quitarte las bragas
reclamando indulgencia
y que los restos de tu timidez
sólo sean adagios de idolatría;
porque quiero que goces al extremo
y que ello poco te importe;
saborear el ensueño de tu pecho
al fragor tímido de un desconcierto,
deseo que tu cara se vuelva roja como sangre,
que tus suspiros sean melodías
mientras te dejo, destemplada, una caricia;
deseo que tus entrañas tiemblen de improvisto,
al saberse saboteadas por cada uno de mis besos
y que apenas sientas el temor de mi reclamo
cuando, también te quito tu elixir virginal;
en conclusión, sin preámbulos ni preavisos,
deseo hacerte absolutamente mío,
que te entregues a mis brazos,
que tu sexo en mi interior busque un tesoro
hasta lo más puro y sublime
sólo necesito antes, de unas pocas prosas,
para convencerte y no convalecer..
y de esa manera quitarte la ropa
una y otra, y otra vez.
para intentar quitarte de a poco, la ropa;
es que simplemente quiero,
que te pierdas manso,
en los anaqueles de mi popa,
y llevarte, pues, a buen puerto;
deseo desabotonarte lentamente
los botones de tu chomba
amainarte sobre tu piel
un millón de historias inconclusas
llenas de pasión y locura;
deseo quizás impropiamente
bajarte hasta el tope
el cierre misterioso de tus pantalones
mientras tus piernas bailan
en el medio de las mías,
llenas de extrema incertidumbre;
deseo quitarte las bragas
reclamando indulgencia
y que los restos de tu timidez
sólo sean adagios de idolatría;
porque quiero que goces al extremo
y que ello poco te importe;
saborear el ensueño de tu pecho
al fragor tímido de un desconcierto,
deseo que tu cara se vuelva roja como sangre,
que tus suspiros sean melodías
mientras te dejo, destemplada, una caricia;
deseo que tus entrañas tiemblen de improvisto,
al saberse saboteadas por cada uno de mis besos
y que apenas sientas el temor de mi reclamo
cuando, también te quito tu elixir virginal;
en conclusión, sin preámbulos ni preavisos,
deseo hacerte absolutamente mío,
que te entregues a mis brazos,
que tu sexo en mi interior busque un tesoro
hasta lo más puro y sublime
sólo necesito antes, de unas pocas prosas,
para convencerte y no convalecer..
y de esa manera quitarte la ropa
una y otra, y otra vez.